La Mente Galáctica – Por Daniel Verón

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Los viajes de la Flota en aquella Cruzada Interestelar siguen y en esta ocasión arriban al planeta Cochero-10 para investigar la raza humanoide que vive allí. Como desciende un grupo más o menos numeroso, una parte acompaña a Gedeón Solar en su recorrida por la ciudad para contactarse con las autoridades y otro grupo se dedica al estudio científico. Sin embargo, lentamente los federales comienzas a observar algunos hechos extraños: en algunas partes hay como afiches de bellas mujeres, como si fueran buscadas. Otro hecho no menos enigmático es que son muy pocas las mujeres que encuentra; las pocas que han visto los miran con temor. Es así que queda claro que allí escasean las mujeres. Se trata de una sociedad adonde casi el 90% de los individuos son hombres.

Más tarde, una imprudencia hace que tres mujeres oficiales se separen del resto de los tripulantes. Se trata de las doctoras Coglan, Lima y Rek, jóvenes y bellas. Admirando ciertos aspectos de la ciudad, un par de cuadras después son capturadas por una especie de grupo comando y llevadas a la fuerza a una prisión. Con la ayuda de un traductor se enteran el motivo: han sido seleccionadas para enriquecer el patrimonio genético de la raza. Lógicamente ellas se niegan, pero la decisión ya está tomada por el Consejo Supremo. ¿Por qué han desaparecido las mujeres? Es muy simple: la mayoría han sido enviadas a las Guerras Mainéridas, esto es, contra el pueblo enemigo que habita el planeta. Los hombres de uno y otro bando han preferido mandarlas a ellas, con tal de sobrevivir. Por esta causa, ahora casi no hay mujeres para procrear y asegurar la descendencia.

Una vez enterado Gedeón de la situación, se prepara un plan para liberarlas, pero entonces tiene lugar un hecho inesperado. La doctora Rek toma la decisión de quedarse y de este modo lograr tomar el control de la situación. Hace que sus compañeras queden libres y vuelvan con sus colegas de a bordo y así evita una refriega armada. Ante el estupor de los hombres nativos, la doctora Rek hace llamar a las autoridades y les propone un nuevo plan: las pocas mujeres que quedan deben ser cuidadas y protegidas, no perseguidas. De esta manera estarán en condiciones de formar una familia y engendrar no una sola vez, sino muchas veces, y así asegurar la descendencia de la raza. Con el pueblo enemigo piensa hacer lo mismo, para que ya no haya guerras. En cuanto a ella, no tendrá inconvenientes en quedarse a controlar el proceso y, eventualmente, puede llegar a escoger un hombre para sí. Se hace la paz y la Flota de la Federación parte hacia nuevos destinos.

Ahora la Flota atraviesa una zona de “viscosidad cósmica” que afecta todos sus sistemas. Alternadamente dejan de funcionar sistemas vitales para la navegación y supervivencia, causando un temor general. La nave insignia experimenta sacudidas y los científicos tratan de revertir la causa. En un momento crítico, el almirante trata de enviar un mensaje de auxilio a otra de las innumerables flotas que recorren la zona central de la Galaxia pero, con gran sorpresa, advierten que la comunicación es imposible. Están, pues, perdidos en el espacio, sin saber dónde están e incomunicados.

Aquí tienen lugar diversas escenas en donde los principales personajes dialogan sobre la situación. Enfrentados a una posibilidad cierta de perderse entre las millones de estrellas, cada uno toma la situación de una manera distinta. Extrañamente, un tripulante llamado Espertly, les infunda fe y confianza contra toda lógica, aunque sin hallar mucho eco. De pronto, una nubosidad se hace visible dentro del puente de mando y Gedeón escucha claramente las instrucciones que debe seguir para salir de la zona viscosa. Aún con incredulidad, sus compañeros le obedecen y, no sin esfuerzo, logran escapar de este sitio, empleando un método no convencional en donde los equipos son puestos a cero, en vez de estar al máximo. De este modo escapan y la nube se esfuma. Sobreviene el debate sobre quién los ha ayudado, hasta que alguien les recuerda que antes ya les han advertido que alguien, quizá la Mente Galáctica, los busca.

Después la Flota llega al planeta Melvis-14, otros de los tantos mundos que alojan razas similares a la terrestre, sólo que aquí se trata de una muy antigua, que ha practicado el vuelo espacial hace milenios, que ha conocido no sólo a los hombres de Altair, sino a los mismísimos terrestres. En efecto; hace mucho tiempo han visitado a algunas de las civilizaciones históricas que poblaron la Tierra. Tal es lo que les revela el sabio Félix a su llegada en su residencia personal. Sin embargo, Gedeón nota un trato muy curioso por parte de él y quienes les acompañan.

El almirante y sus oficiales recorren el planeta observando vagamente algunas semejanzas con la civilización terrestre. Un cruce con algunas personas los deja asombrados: un hombre, simplemente, no pueden creer que sean del lugar de donde dicen provenir; una mujer, en cambio, los abraza en una actitud más bien maternal. Esto es más acentuado con los provenientes del Sistema Solar que con los de otros mundos. Por fin, ya de noche, regresan a la residencia de Félix. Este les sirve una cena frugal a la luz de las estrellas, en su mansión. Gedeón finalmente le interroga sobre el por qué de tanto interés hacia ellos. La respuesta no puede ser más increíble:

  • Los melvianos son “familiares” del hombre terrestre. Hace mucho tiempo, cuando visitaron Grecia, su constitución física les permitió mezclarse con los terrestres.

Y así la revelación continúa. Luego debieron afrontar diversas guerras globales en su mundo y abandonaron la práctica de los viajes espaciales. No obstante, sabían que un día los volverían a encontrar. Para los melvianos, ellos representan algo de lo más importante que han hecho en el Cosmos: dejaron su similla principalmente en la raza nórdica, que luego ha sido clave en la historia terrestre. De la Federación solamente se interesan en ellos. El final es emocionante. Con un apretón de manos se despiden prometiendo volver a verse. Gedeón les asegura que pueden contar con ellos cuantas veces lo necesiten.

Luego la Flota visita el planeta Pólux-6, un extraño mundo de características caleidoscópicas a causa de sucesivos “pisos de nubes” en la densa atmósfera. Aquí, superficie y nubes parecen confundirse y cierta clase de organismos, semejantes a colibríes, suben y bajan de un nivel a otro, formando colonias en diferentes lugares. Los científicos los estudian con interés por un hecho infrecuente: estos seres poseen dos diferentes tipos de conciencia: una personal y otra racial. Esta última se desarrolla de acuerdo con la edad y la experiencia.

No es esto todo, ya que se puede comprobar que estos niveles de conciencia varían de acuerdo con los pisos estratosféricos en que se encuentran. Cerca del suelo están los más simples en tanto que, más alto, están los más desarrollados. Todo esto es atentamente estudiado por los científicos y, finalmente, comunican sus resultados a Gedeón. Ellos han encontrado un símil con el espíritu humano y de otras razas, de acuerdo con el entorno en donde se mueven. También significa que ellos mismos han dejado atrás sus primeros pasos y que en la actualidad se aprestan a lograr una conciencia cósmica como raza.

Mientras tanto los federales arriban al sistema de la estrella Gamma-Virgo, uno de los más alejados del núcleo de la Galaxia. Desde allí, la inmensa mayoría de las estrellas se ven arracimadas en una sola dirección, hacia el E galáctico, y el resto es toda una negrura sin fin. Tal es el cielo que observan al descender en el planeta Virgo-10, un mundo gigantesco, vagamente parecido a la luna de Neptuno llamada Tritón. Gedeón y sus hombres recorren distintos puntos de la superficie sin hallar vestigio de vida. Se suceden las exploraciones  y cuando ya están por finalizar, los aparatos de la nave detectan algo así como una señal en una frecuencia extraña.

Todos se asombran, ya que por allí no parece existir nada vivo en muchos años-luz a la redonda. Se emplean toda clase de instrumentos para detectar el origen. La sorpresa no puede ser mayor. La señal proviene de una distancia como de 100 años-luz más lejos aún del borde galáctico. Sin embargo, fuera de toda duda, se trata de una señal inteligente. Alguien desea comunicarse con ellos.

Así la Flota emprende el viaje a las regiones más oscuras de la Galaxia, adonde ya no llega la luz de los millones de soles que resplandecen en el núcleo. Aún nuestro Sol y otros están demasiado lejos para ser visibles. Delante de ellos, el espacio se ve cruzado por ciertas bandas de color blanco como si flotaran dentro de algún gran océano. Los especialistas localizan de dónde proviene la señal y, poco después, ante la Flota se presenta una especie de esfera compuesta por materia oscura. Su diámetro es equivalente al de un pequeño planeta. Apenas verlo, el almirante comprende que es eso lo que los ha llamado de tan lejos.

A partir de allí, todo lo que puede llamarse comunicación se desarrolla en forma telepática. Una extraña voz intercepta sus pensamientos, logrando una especie de “empatía psíquica”. Lo que escuchan es realmente increíble. Aquello que tienen frente a sí es lo que muchas civilizaciones han imaginado como la Mente Galáctica. Se trata de un ser pensante, que parece haber existido siempre, que ha asistido, inmutable, al surgimiento y caída de miles de razas y civilizaciones a lo largo de la Galaxia. Los conoce perfectamente.

La Mente Galáctica les explica algo de lo que ha sido su vida. Evidentemente ha influido en la creación misma de diversas formas de vida en diferentes épocas de la Vía Láctea. Primero empleando las estrellas más antiguas y luego muchas de las que se ven actualmente. La Mente ha intervenido en la estructura misma de los sistemas planetarios, de acuerdo a los materiales disponibles. De este modo ha visto surgir infinidad de especies. Algunas han sido más capaces que otras y subsisten. La mayoría no. Aquí es donde aparece su interés por el ser humano. Este pertenece a alguno de los últimos experimentos que la Mente ha realizado. Es su mejor creación.

Aquí vuelve a repasarse todo lo que ha sido el surgimiento de la raza humana en la Galaxia. El hombre de Altair fue simplemente algo maravilloso. Parecía capaz de todo pero arrastraba en sí mismo fallas que ocasionarían luego su desaparición. Fue ayudado pero sólo hasta cierto punto.De todos modos, sentó las bases para lo que vendría más adelante. De él surgió, posteriormente, un desprendimiento que llegó a nuestro Sistema Solar, asentándose en el desaparecido Faetón. Esta civilización era mejor y aprovechó mucho de la experiencia de sus ancestros, pero tampoco era perfecta, hasta el punto de que causó su propia destrucción.

Ahora explicaremos el surgimiento del hombre terrestre en forma independiente a las otras razas, pese a algún contacto ocasional que tuvieron. En sus comienzos, el hombre terrestre falló y bien pudo desaparecer, pero la Mente Galáctica le amaba e intervino a su favor para que siguiera adelante. Surgió así un hombre renovado que fue capaz de grandes empresas. Pese a los vaivenes culturales, la raza prevaleció y así comenzó a captar algunos punto elementales del Plan Maestro del Cosmos. Esto es lo que lo llevó al espacio, trasladándose primero a la Luna, luego a Marte y de allí al resto del Sistema y a las estrellas vecinas. Su destino era encontrarse un día con la Mente Galáctica. Ese día ha llegado.

La conversación se vuelve un poco más oscura. En toda la Galaxia no existen formas de vida que puedan superar lo que es el hombre. Sin embargo, la Mente no desecha las otras formas de vida sino que desea valerse del mismo hombre para unirlas. Este es el papel que realmente cumple la Federación, aunque ellos mismos no lo sepan. Les revela cómo proseguirá la evolución de la Galaxia. En el remoto futuro los seres vivientes no necesitarán ni la energía de la estrellas ni la seguridad que le ofrecen los planetas. El Universo entero está evolucionando hacia nuevas formas de energía y llegará un día en que nuestra Galaxia se convierta en un gigantesco organismo viviente. En él, cada raza cumplirá un papel, como lo cumplen los miembros y órganos de un cuerpo. Entonces, es el ser humano quien debe marcar el camino que seguirán otros.

A continuación, el almirante interroga sobre las demás galaxias. La Mente Galáctica posee su propio lenguaje para describir lo que hay más allá. Para la Mente, el Grupo Local es todo un conjunto de galaxias muy similares, en donde prevalecen condiciones parecidas para cada una. El gran interrogante empieza cuando se consideran distancias que vayan más allá del Grupo Local de galaxias; en otras palabras, cuando se sale de la gota de agua en que estamos inmersos. Falta ver si hay otras gotas o no. Pese a ello, la Mente está en contacto con otras criaturas parecidas a ella. No son iguales, porque todo depende de la evolución específica de cada galaxia. Ella ha tenido inteligencia desde un principio. En el vasto mar galáctico cabe esperar un sinnúmero de variantes. Si existen Mentes en muchas regiones, es probable que estén cumpliendo una función de supervisión respecto a la vida en el Universo. El motivo es que la vida no consiste en un azar, sino en un propósito que debe ser sabiamente encaminado.

Por último, se efectúa la despedida. Las palabras finales de la Mente Galáctica es, que la raza humana debe continuar cumpliendo su papel clave en el Cosmos. Más allá de aquella negrura sin fin que los rodea, la vida bulle en millones de galaxias como granos de arena en una playa. El propósito de su empresa no debe ser la conquista sino llevar la antorcha de algo tan precioso como la civilización, la cultura, la trascendencia, a miríadas de mundos que esperan en la noche estelar... Abrumado ante tanta revelación, Gedeón agradece en nombre de todos los hombres que han vivido y que viven y, como un hijo ante su padre, promete cumplir con lo que le ha sido encomendado. Así es como la Flota parte hacia su próximo destino.

Camino al mañana

Aquí asistimos a un hecho de trascendental importancia en la obra. Una vez que nuestra Galaxia es cruzada en todas direcciones por multitud de naves llevando la antorcha de la Federación de Planetas Unidos hasta los rincones más alejados, todo está listo para que el hombre de el gran paso que le falta: abandonar su Galaxia natal y dirigirse a otras. Nos hallamos en pleno siglo XXIV, adonde todo parece posible y no hay un horizonte para el crecimiento de la raza humana.

Comenzamos con un repaso de todo lo que se ha logrado hasta ahora. Infinidad de mundos, muchos de los cuales han sido descritos aquí, atraviesan una etapa de paz y prosperidad como no se ha visto hasta ahora en miles y miles de años. Hay un breve comentario de lo que ha sido cada una de las culturas visitadas por la Flota. Multitud de personajes y anécdotas son revelados en pocas líneas para que el lector tenga una idea de qué ha sido de todos ellos.

Luego continúa este repaso, pero se pone énfasis especialmente, en los diversos comandantes de la Flota, que han quedado supervisando o liderando en diferentes civilizaciones. Estos ahora han sido nombrados  kosmokratores y se ocupan de la integración de ciertas culturas a la Federación. No sólo eso, sino que con los modernos medios de que disponen, emprenden a su vez nuevas conquistas que los llevan a establecer lazos a lo largo y ancho de toda la Galaxia. Pese a todo, es mucho lo que falta todavía y se decide emprender nuevas Cruzadas Interestelares.

También vemos otras áreas de expansión. Ahora existen, específicamente, equipos de científicos que recorren la historia de diferentes culturas, a la vez que se continua explorando zonas multidimensionales, en donde se estudia almas de seres de distintas razas con la esperanza de dominar a la muerte y mantener un contacto con cada ser, aún cuando este abandona su cuerpo físico. Paralelamente, estas y otras investigaciones logran acrecentar enormemente la edad de los seres humanos, muchos de los cuales ya rondan los 150 o 200 años, en condiciones casi perfectas.

Luego se enumeran diversas Asambleas Ecuménicas que tienen lugar entre los siglos XXIII y  XXIV, a las que asisten un número cada vez mayor de embajadores procedentes de todas partes de la Galaxia. Esto ayuda al surgimiento de nuevos líderes y también de una visión renovada de la conquista del Cosmos. Se trazan objetivos comunes para alcanzar en los próximos años. Las conferencias son cada vez más imponentes y se extienden por más tiempo, pero son útilespara todos. Algo más adelante se decida reorganizar la Galaxia, dividiéndola en regiones a cargo, cada una, de un kosmokrator, que luego deberá informar sobre todo lo realizado allí.

También asistimos al florecimiento extraordinario del comercio interestelar en todas sus formas. No se trata sólo de mercaderías, sino también de toda clase de expresiones culturales que interesan a unos y otros. A su vez, las flotas exploradoras-conquistadoras van creciendo en tamaño y perplejidad y una de ellas, en particular, la dirigida por el insigne Wilfrid Spinray (descendiente de un fundador de la Federación) abarca por sí sola enormes regiones de la Galaxia. Con la ayuda de todo un ejército de comandantes, Spinray logra explorar simultáneamente una cantidad inmensa de sistemas planetarios de toda clase, descubriendo así casi todo lo que queda por descubrir.

Aquí asistimos a un acontecimiento que luego será visto en detalle en otra parte de la obra, como lo fue la creación de la Patrulla del Tiempo, un organismo altamente sofisticado que se ocupa de que la historia de la raza humana no sea modificada ni manipulada por razas enemigas que tal vez busquen su desaparición. Esta Patrulla del Tiempo es el equivalente a la Federación, pero en todo lo que tiene que ver, principalmente, con el pasado de cada raza.

Ahora, con un nuevo pantallazo de lo que es la Galaxia en esos momentos, el relato vuelve a centrarse en el almirante y kosmokrator Gedeón Solar que, por entonces, pasa un tiempo breve de descanso en un lejano planeta deshabitado, similar, por ejemplo, a Pristim. En esta ocasión conocemos también algo de su vida privada. Gedeón se ha casado con una “varkis”, una bella mujer de piel azulada llamada Cisna, casi idéntica, orgánicamente, a las mujeres terrestres y con la que tiene dos hijos en forma natural. Es entonces cuando le llegan noticias de lo que quieren hacer los máximos dirigentes de la Federación. Es llamado a presentarse ante una asamblea de kosmokratores. Sus colegas quieren que sea él quien comande la primera expedición a otra galaxia.

Gedeón acepta desde un principio. Es un conquistador nato y por sus venas digamos que corre la misma sangre que los pioneros de Marte, Miqhvaar o los otros grandes líderes de la Federación. Dentro de él siente algo especial. Ser el representante de la raza humana en aquel épico viaje es algo maravilloso que lo llena de orgullo. Los kosmokratores creen que él es la persona adecuada. Nunca se ha hecho un viaje semejante y nadie sabe exactamente qué es lo que puede encontrar, pero alguien debe ser el primero.

Así asistimos a los preparativos para el viaje. Se utilizarán técnicas novedosas de viaje hiperlumínico y la flota de que dispone es inmensa, suficiente para explorar unos 30 sistemas en forma simultánea. Además, él y muchos de los que lo acompañarán van a viajar con sus respectivas familias. El objetivo es, nada menos, que la comúnmente llamada Nube Menor de Magallanes. Situada a 200.000 años-luz, es la más cercana de las galaxias del llamado Grupo Local. Prácticamente todo lo que se sabe de ella es por medios astronómicos. Gedeón recuerda entonces todo lo que ha visto en infinidad de mundos. Ni siquiera la Mente Galáctica le ha podido revelar qué es lo que hay más allá de la Vía Láctea. Esta clase de organismos, como otros que ha encontrado, nunca han practicado el viaje espacial. La raza humana es la más adelantada en este aspecto. Y el destino ha querido que sea él quien lleve la antorcha de la Federación a esas regiones del Cosmos.

Por fin, se produce la partida y se comentan brevemente algunos incidentes del viaje. Gedeón mantiene permanentes reuniones con sus comandantes y, a medida que se acercan a su destino, van haciendo planes para organizarse lo más eficazmente posible. En una sala especial, Gedeón mismo es quien les explica algunas características de las galaxias del Grupo Local y, específicamente, de aquella a la cual se dirigen. Todo esto les hace meditar profundamente sobre lo que es el espacio. Ellos mismos son menos que una mota de polvo surcando por primera vez el abismal espacio intergaláctico.

Más tarde asistimos a la llegada de la Flota a las estrellas más distantes del núcleo de esta mini galaxia, cierto día del año 2359, según la cronología terrestre. Todo es nuevo, todo es extraño. Por largo rato los ingenieros de la Flota luchan contra una serie de fuerzas electromagnéticas que parecen querer “aspirar” las naves. Los híper-ordenadores detectan fuerzas extrañas y, hasta realizar nuevas investigaciones, protegen la Flota con una cubierta energética. Visualmente toman contacto con grupos de estrellas. Por doquier abundan los gases y el polvo estelar y es así como contemplan escenas nunca vistas. Rápidamente se van haciendo una idea más precisa de la región que surcan en esos momentos. Queda claro que, en proporción a la Vía Láctea, no existen demasiadas estrellas capacitadas para mantener planetas a su alrededor. Hasta que, por fin,  divisan el primer sistema planetario.

Conforme se van acercando, queda claro que se trata de una estrella anaranjada, más vieja que el Sol, por ejemplo, en torno a la cual giran una treintena de pequeños planetas, la mayoría rocosos, pero otros con señales de una débil atmósfera. El almirante y sus oficiales indagan cuál de todos ellos es más apto para recibirlos. De todos modos, los preparativos para el descenso no son fáciles. Si bien se sigue usando el viejo sistema de transportación molecular, aquí todo ser viviente debe estar provisto de una protección especial contra peligrosas radiaciones que cruzan el espacio por doquier. Finalmente, luego de haber trazado mapas precisos, se elige la zona exacta y Gedeón selecciona a seis compañeros suyos, todos ellos comandantes de gran experiencia.

Y así asistimos al histórico acontecimiento. A la luz de aquel sol anaranjado y sobre una llanura rocosa de cierta clase de material, aparece el grupo. En un acto lleno de simbolismo, el almirante efectúa un hueco en el piso y entierra un hito metálico, vagamente parecido a una cruz, para señalar el lugar donde hombres venidos del Sol han hecho pie en un mundo de otra galaxia. Se suceden las investigaciones y se conoce la composición y las características de aquel ambiente. Entonces se producen una serie de incidentes que casi les cuestan la vida a algunos, hasta que descubren la verdad. En Cielo-1, tal su nombre, lo que tiene vida son las rocas. De ahí que no existan árboles ni algún tipo de fauna.

A continuación se realizan investigaciones en los mundos vecinos, en donde comienza a sobresalir la labor de los comandantes que acompañan a Gedeón. A la vez continúa la confección de mapas precisos sobre las regiones más cercanas. De esta manera se establece un grupo de 10 sistemas planetarios lo suficientemente interesantes para ser explorados. Y de estos 10, hay dos que parecen reunir las mejores condiciones para instalar bases permanentes en ellos. Uno de estos es el sistema donde se encuentran actualmente, en torno a la estrella Corpus, y otro en torno a Ribera, tal su nombre. Simultáneamente, comienza a llamarles la atención encontrar pocos indicios de vida, adondequiera que miren.

En tanto Gedeón completa la exploración de Cielo-1, los demás comandantes investigan diversos mundos de aquel sistema, y de dos más. En algunos casos, se realiza primero un reconocimiento, entrando en órbita de cada mundo, o  bien sobrevolándolo a bajas alturas. En otros casos, hay grupos que son enviados directamente a la superficie. Es así cómo los pioneros descubren toda clase de paisajes. Mundos en donde predomina el volcanismo frío, mares poblados de extrañas criaturas, cielos surcados por cierta clase de aves, planetoides desérticos o cubiertos de musgo, curiosas estructuras parecidas a árboles pero que caminan, fortísimas tormentas de metano y otros elementos, anocheceres multicolores, un desfile de lunas en algún cielo estrellado, y mucho más aún.

Y se suceden las aventuras. Gedeón abandona temporalmente Cielo-1 dejando allí a Kevin Sorzyn en su lugar, y rápidamente parte a recorrer los demás mundos de aquel sistema y de algunos otros adonde se han dirigido los comandantes. Poco a poco comienza a quedar claro una serie de puntos oscuros. En principio, la mayoría de las estrellas de la Nube Menor son bastante viejas y el porcentaje de planetas que aloja a su alrededor es bastante bajo. A su vez, la gran mayoría de los mundos que van descubriendo a su paso son pequeños; escasean los elementos pesados de la tabla periódica y el porcentaje de planetas que aloja vida es más bajo todavía. Se realizan diversas asambleas en donde los especialistas trazan un panorama de lo que es aquella galaxia.

Luego de algún tiempo parece evidente que, por lo que saben hasta ahora, en ningún lugar de la Nube Menor de Magallanes existen formas superiores de vida. Ni pensar en hallar las grandes civilizaciones o Imperios que la Flota recorrió en la Vía Láctea. Todo lo que se ve son extraños organismos constituidos por boro, flúor u otros elementos apenas organizados en poco más que comunidades incomprensibles para el hombre. Con mayor información aún, el almirante envía nuevos grupos a sistemas planetarios algo más distantes. De esta forma se va entretejiendo toda una red de comunicaciones a lo largo y a lo ancho de la mini galaxia. Los primeros campamentos en Cielo-1 y en Thor-4 van creciendo en tamaño y complejidad, hasta el punto en que, en pocos años, se levantarán allí pequeñas ciudades que, luego, dejarán paso a otras mayores aún.

Gedeón encuentra en un fantasmal planeta un extraño ser amorfo pero con conciencia propia, con el cual logran comunicarse empleando técnicas ultramodernas. Se llama Asindar, se alimenta prácticamente del aire mismo y su edad es incalculable. Al parecer, es el único sobreviviente de su especie. Así es como el almirante y sus compañeros se encuentran con una de las mayores sorpresas. Aquellos seres fueron creados hace miles de millones de años, cuando el Cosmos aún era joven. Reducidos a una existencia sin mayores necesidades, tampoco nunca desarrollaron una estructura corporal compleja y esto hizo que fuera su conciencia la que evolucionara. Nunca hubo demasiados individuos, ya que su edad llegaba a cifras fabulosas. El mismo posee un recuerdo vivo de todo lo que ha visto en ese tiempo. Es así como les cuenta, en un lenguaje lleno de simbolismos, su historia. Aunque parezca increíble, de su relato se desprende que estos seres provienen de la Vía Láctea-

Así es. En un lenguaje que sólo los sabios que acompañan a Gedeón logran interpretar correctamente, resulta ser que toda aquella galaxia ha sido originada en la nuestra. El gas y el polvo que predominan de manera evidente es lo que nuestra galaxia expulsó de sí misma, en una de las etapas de su formación. Hasta las estrellas más antiguas que hay en el borde se originaron, inicialmente, en la Vía Láctea. Por entonces, Asindar y sus congéneres habitaban en pequeños asteroides que iban y venían en torno al sol Corpus. Al cruzar, durante millones de años, el espacio intergaláctico, se organizaron para habitar algunos de los mundos, como éste, que estaban en plena formación. Desde entonces, Asindar se acostumbró a ese sitio pero, por alguna causa, fue perdiendo contacto con sus compañeros de raza y ahora él parece ser su último representante. Aquí asistimos a una escena final de gran emoción, adonde la criatura les relata cómo se veía nuestra Galaxia hace miles de millones de años (antes que se formara el Sol, por ejemplo) desde su reducto privilegiado. En aquel futuro, los representantes de la Federación hallan un pedazo viviente de nuestro pasado más remoto.

Por último, los sabios reunidos en la nave-madre explican a Gedeón que todo concuerda, que aquella Nube de Magallanes es algo así como un resto de la vieja Vía Láctea y que a eso se debe, por ejemplo, que no posea un núcleo central ni un disco a su alrededor. Todo lo que hay allí son resabios de un remoto pasado que sólo aquí se concretó de manera parcial. Esto implica algo más importante todavía. En toda aquella mini galaxia no debe haber nada que se parezca al hombre. Así como es el rey de la Vía Láctea, también aquí lo es. Todo está a su disposición si así lo quiere. Ahora falta ver más allá, en la Nube Mayor de Magallanes, casi idéntica a esta. Luego, también en Andrómeda principalmente, y en las otras galaxias del Grupo Local. Bien; ¿y más allá del Grupo Local? ¿Habrá, en algún lugar del Universo, algo equivalente a la raza humana o superior aún? Lo que queda claro es, que la búsqueda debe continuar.

EN  LO  PROFUNDO

Continuamos en el siglo XXIV. Esta es la obra que prosigue la épica aventura de la Flota Intergaláctica con abismos estelares cada vez mayores entre sí. La sensación de inmensidad, de cosa desconocida, de grandeza, por momentos llega a abrumar. Si fantástica fue la epopeya de las diversas flotas de la Federación a lo largo y a lo ancho de la Vía Láctea, ni qué decir acerca del desafío que tiene ahora ante sus ojos al almirante Gedeón Solar.

Aquí se retoma la historia en el punto donde quedó. Con la ayuda del más moderno instrumental, ahora adaptado a las condiciones particulares de los lugares que recorren, los expertos cartografían la totalidad de la minigalaxia en que se encuentran. Pese a ser mucho menor que la nuestra, con todo, allí existen millones de estrellas y muchos otros objetos semi-estelares a cual más extraño. Desde luego, el objetivo sigue siendo los mundos habitables para el hombre. Por fin, en otro sector más distante hallan una serie de sistemas planetarios más jóvenes, con algunos mundos de interés. La Flota parte hacia allí para realizar la debida exploración. Temporalmente, Gedeón deja a Zenna Rhesis, una fiel comandante de gran capacidad, como líder de un grupo de científicos con asiento en Cielo-1- Por su parte, es Kevin Sorzyn quien queda a cargo de Thor-4 y sus alrededores.

Luego se produce la llegada al sistema de la estrella Monte, y los federales optan por descender en el planeta Tau-9. En esos momentos se encuentran a unos 100 años-luz de donde han dejado a sus compañeros. Las distancias parecen mayores en estas inmensidades que jamás han sido cruzadas por ningún ser vivo. Tau-9 se revela como un mundo vagamente parecido a Marte, pero sólo en su aspecto superficial ya que, como casi todos, carece de elementos pesados en su constitución. Aquí hay diversas descripciones de sus características y Gedeón decide instalar otro puesto de avanzada, esta vez a cargo de Schefin Eyless, otro comandante de gran experiencia que lo ha acompañado en numerosos viajes.

Entonces se realiza una asamblea general en el navío Omega, en donde los sabios terminan de trazarle al almirante, un panorama completo de lo que es la Nube Menor de Magallanes. Entonces, se dispone que un grupo de 50 sistemas planetarios sean visitados e integrados por cada una de las flotillas que dirigen los comandantes. Gedeón mismo es su supervisor general, por lo que en los siguientes meses el trabajo es intenso. De esta manera se va dando por completado la exploración inicial de la minigalaxia. Otros continuarán después, pero ellos deben poner su mira en el siguiente objetivo. Se establecen contactos con los organismos centrales de la Federación, adonde simplemente se limitan a aprobar todo lo hecho. En realidad, es él, Gedeón, quien va tomando las decisiones importantes cada día.

El almirante se asegura que cada uno de los diversos grupos esté trabajando sin dificultades, a la vez que se informa de los principales logros. Los biólogos están de parabienes con la enorme cantidad de criaturas extrañas que hallan en los lugares más extraños. El clima es bueno y todos sienten interés por arrancar sus secretos a la minigalaxia. Su esposa Cisna y sus principales colaboradores lo apoyan plenamente. Todo parece listo para dar el siguiente paso, esto es, la Nube Mayor de Magallanes, situada en esos momentos a unos 50.000 años-luz del lugar donde se encuentran. Antes de partir, el almirante designa a Zenna como comandante general en la minigalaxia menor y ella es la encargada de coordinar y completar la conquista de aquella inmensa región. Es así que en Cielo-1 se realiza una ceremonia de traspaso del mando.

Durante el nuevo viaje intergaláctico que emprenden, Gedeón, Cisna y otros colaboradores, reflexionan filosóficamente sobre la importancia de lo que están haciendo. Jamás otros hombres han tenido la oportunidad que tienen ellos. Su empresa figurará en todos los registros de historia de la exploración espacial, al menos en aquellas regiones. Se definen, además, nuevos objetivos y crece el interés por descubrir formas de vidas similares o superiores. Este parece ser el gran interrogante que está dejando la incursión del hombre en lo profundo del Universo.

Más tarde se produce la emocionante llegada a la zona más exterior de la Nube Mayor, otra minigalaxia satélite de la Vía Láctea, que también se encuentra a unos 200.000 años-luz de esta, como su compañera. Acostumbrado al mágico desfile de estrellas y más estrellas ante sus ojos, a Gedeón ya nada parece llamarle demasiado la atención. Rápidamente se sabe que las noticias que transmiten los instrumentos no son buenas. Es cierto que allí hay más cantidad de estrellas y de sistemas para recorrer que en la Nube Menor, pero lo cierto es que las condiciones son prácticamente las mismas que allá. La gran mayoría de las estrellas son viejas, carecen de metales y los mundos que alojan son pequeños y sin formas de vida importantes.

Es lo que Gedeón temía en su interior. Después de todo, esta minigalaxia tiene, evidentemente, el mismo origen que la otra. Habrá que investigar, claro, si existen algún tipo de seres como la raza de Asindar u otros parecidos, pero es evidente que allí no se puede esperar mucho más. Pese a ello, preside una pequeña comitiva que desciende en Sofía-6, uno de los mundos más interesantes que gira en torno a la estrella Vera. En esta ocasión, el almirante da un pequeño discurso en donde enfatiza un hecho muy importante: tanto esta como la otra minigalaxia están llenas de pequeños mundos habitables, adonde todas las razas humanas de la Vía Láctea podrán expandirse en los próximos milenios, formando así nuevos hogares en la inmensidad del espacio. En otras palabras, aquí hay lugar para todos.

Luego se realiza una expedición sistemática en una docena de sistemas planetarios, a los que luego se los añaden otros veinte sistemas. Relatar la cantidad de paisajes, de mundos exóticos, de criaturas extrañas, de exploraciones y aventuras que viven los diversos comandantes sería hasta agotador. Baste decir que en un lapso de apenas un año terrestre, lo que quedaba de la Flota (el 50%) recorrió, conquistó e integró a la Federación, una minigalaxia completa enriqueciendo así la experiencia del ser humano en este tipo de empresas.

Gedeón establece la nave insignia en torno al planeta Luces-3, consagrándolo casi enteramente como un centro de comunicaciones. Desde allí toma contacto con los comandantes que siguen explorando la región y, a la vez, aprovecha para comunicarse con los que ha dejado en la Nube Menor. En pequeñas pantallas puede observarse multitud de escenas de diferentes lugares. Además, se comunica nuevamente con la Federación. Aquí logra informarse adecuadamente de las últimas novedades. Una de las más sorprendentes es la noticia de que el bicentenario caudillo Janus Miqhvaar ha solicitado permiso para dirigirse directamente a la Nube Menor para completar las exploraciones. Gedeón aprovecha la oportunidad para pedir refuerzos. Su meta es seguir adelante pero necesita más gente y más naves.

Poco después tiene lugar un extraño incidente que llamará la atención a todos. Llegados al planeta Center-2, adonde el almirante piensa establecer algo así como una base general, tanto él como sus acompañantes son presa de un raro “ataque de felicidad”. Por largo rato, el grupo de diez personas, se revuelcan por el suelo, danzan de alegría y hasta gimen de felicidad. Con preocupación, Cisna sigue de cerca lo que está pasando con su esposo. Ella lo conoce bien y sabe que él nunca tendría una reacción así; además, no hay nada que lo justifique. Al intentar comunicarse con ellos, resulta que no escuchan nada o, más bien, parecen estar oyendo otra cosa, quizá alguna clase de música. El caso es que parecen haber perdido todo contacto con la realidad.

En el laboratorio de la nave-madre se logra descubrir que allí existe cierta clase de virus proveniente de una especie de musgo, que altera los sentidos de los que toman contacto con el mismo. Es todo muy extraño. Lo que allí debería funcionar como si se tratase de una enfermedad, en los humanos ha actuado generando un grado de felicidad tal, como parece imposible de alcanzar en la vida común. En otras palabras, lo que el hombre tanto ha buscado en una forma u otra, aquí es considerado una peligrosa enfermedad. Contrariando la opinión de los comandantes de mayor experiencia, Cisna se dirige al planeta Center con el propósito de rescatar a su esposo y a sus compañeros.

Así, rodeada por un fortísimo campo aislante, Cisna, acompañada por dos colaboradoras suyas, logra movilizarse por la superficie, sin recibir la influencia de aquel musgo. Así encuentra a los hombres tirados por el piso, diseminados por todas partes, riendo y gesticulando como si estuvieran en el Paraíso mismo. La mujer azul se encuentra con Gedeón y le habla, pero él no parece reaccionar. Su felicidad no parece tener límites. Por fin, luego que logra fabricar un posible antídoto, Cisna, sin demasiados miramientos, dispara una pistola contra Gedeón  y luego, sucesivamente, también contra los demás. Lentamente, los hombres se van recuperando. Gedeón explica, entonces, qué es lo que ha sentido. No se trata de un sentimiento de placer común sino que la felicidad está en relación a la libertad que ha conseguido. Con sus ojos ha visto ya dos galaxias completas y en ninguna ha hallado seres que puedan arrebatarle al hombre el privilegio de disfrutar en esa miríada de mundos. Cisna le responde que, para ella, la felicidad está en ser útil a su compañero, y se besan.

Los demás hombres afectados también se reponen y, básicamente, cuentan lo mismo. Todos cuentan que han tenido un sentimiento de libertad infinita, al saberse los únicos seres altamente civilizados en miles y miles de años-luz a la redonda. Sin embargo, esto ha sido influido por microorganismos que pueblan aquel planeta. Entonces sobreviene un largo debate en donde el sabio Orionis sostiene la tesis de que un ser no tiene por qué tener las características nuestras par considerarlo desarrollado. En cierto modo los hay y esto deberán tenerlo en cuenta. Simultáneamente reciben noticias de los comandos de la Federación y ya están en marcha los refuerzos que Gedeón ha solicitado. Pronto estarán en condiciones de internarse más en lo profundo.

Luego se realiza una nueva asamblea en la nave-madre, y Gedeón expone nuevos planes. Con los refuerzos piensa ir más lejos todavía y convertirse así en el primer explorador de la galaxia de Andrómeda, situada nada menos que a 2 millones de años-luz de la Vía Láctea, es decir, 10 veces más lejos que las Nubes de Magallanes. Con eso dará por terminada su misión. Otros se ocuparán de continuarlo. Sin embargo, los acontecimientos se precipitan. Por un lado, llegan noticias del extraño final del insigne Janus Miqhvaar en un lejano mundo  de la Nube Menor precisamente. De alguna extraña manera, un ser parece haberse fundido entre las nubes inteligentes de aquel planeta, sin que nadie pudiera evitarlo. Su viuda, Stefanía, y sus compañeros, proceden a realizar una serie de exploraciones en un grupo de estrellas de aquella región.

La otra noticia causa gran conmoción en la Flota. Un grupo de oficiales que, inicialmente, estaban a las órdenes de Rugger Smeith, se ha extraviado mientras exploraban un lejanísimo sistema planetario y todos los intentos para comunicarse con ellos han sido en vano. Luego de una intensa búsqueda, Smeith los ha dado definitivamente por perdidos. Esta es prácticamente la primera vez que sucede un caso semejante, ya que en la Vía Láctea era relativamente fácil orientarse en cualquier lugar que uno estuviera. Un suceso así sólo podía tener lugar en otra galaxia donde aún no han establecido parámetros seguros de medición. Gedeón y sus hombres deliberan por largo rato sobre qué hacer. En una escena final, el almirante mira por los ventanales la inmensidad estelar. Esto le ha servido para ver que el espacio no es algo tan seguro como parece.

Mientras tanto llega la Flota de refuerzo para constituir una sola y gran Flota de avanzada. Sobreviene un período de recomposición y el almirante transmite sus planes a los comandantes recién llegados. Son seleccionados aquellos que se encargarán de supervisar diversos sistemas planetarios instalando bases en docenas de mundos, y también se decide quiénes acompañarán a Gedeón en su travesía hacia Andrómeda. Reina un clima de gran expectativa pese a algunos incidentes menores. Antes de la partida, Gedeón y sus principales colaboradores se toman un tiempo de descanso en el planeta Floresta-4, otro típico mundo de las nubes magallánicas, poblado solamente por cierta clase de árboles. Entonces tiene lugar un hecho realmente increíble. Se detecta una nave y, poco después, hay una mujer procedente de allí que solicita verlo. Se trata de Stefanía Lockerson, la viuda del supremo Miqhvaar.

Gedeón la recibe acompañado de su esposa Cisna y de tres comandantes de su máxima confianza. Lo que escuchan no puede ser más sorprendente. La mujer le previene acerca de su viaje a Andrómeda. En esa galaxia sí existen formas de vida superiores a la raza humana. Es más; algunas de estas formas pueden ser sumamente peligrosas, hasta el punto de causar su desaparición. Miqhvaar lo sabía y por eso hizo lo que hizo. En realidad él no ha muerto sino que ha transmutado a una de las formas de vida existentes en la Nube Menor, una especie que llegará a ser dominante en esa región. Interrogada sobre cómo es que Miqhvaar sabe qué seres pueblan Andrómeda, resulta que le ha sido revelado por los habitantes de la Zona Fantasma, adonde subyacen todos los espíritus del Universo. De esto es lo que quería prevenirle.

Gedeón se siente honrado por este privilegio y reorganiza el viaje, pero sus planes continúan. Stefanía decide permanecer en uno de los mundos de la Nube Mayor y esto habrá de influir de manera importante para una creciente oleada migratoria en esa región. Finalmente, llega el día de la partida y la Flota desaparece literalmente de la vista para dirigirse, a una velocidad hiperlumínica, hacia el punto más distante que haya alcanzado el ser humano. Incluso el viaje es bastante más largo que hacia las mingalaxias, tiempo en el que, una y otra vez, se reúne con sus oficiales a examinar datos ya conocidos y otros informes nuevos que van llegando. Permanentemente se confeccionan nuevos mapas estelares y, finalmente, comienzan a ver las estrellas más lejanas al núcleo.

En forma similar a otros casos, la Flota ingresa dentro de lo que específicamente es la galaxia de Andrómeda. A su alrededor hay miles de millones de estrellas, de sistemas planetarios, de mundos de toda clase. Es un orbe lleno de luz y color que maravilla a los viajeros. Luego de una selección conveniente, el almirante encabeza un grupo de descenso en un planeta parecido a la Tierra, pero mucho más grande, lleno de especies y criaturas vivientes. El entierra un hito en el suelo y sus compañeros proceden a reverenciarlo como si fuera un dios. En cierto modo lo es. Unico hombre que ha descubierto tres galaxias, todo parece posible con él. Sobreviene un tiempo de instalación y exploración en todo aquel sistema planetario sin hallar formas superiores de vida.

Por último, tiene lugar un inesperado drama. En Fértil-9, los exploradores son repelidos por alguna fuerza extraña y las descargas son tan fuertes que les causan la muerte; incluso su cuerpo es desintegrado. Otros también sufren el mismo percance y Gedeón ordena un repliegue general en las naves. Las comunicaciones son interferidas y aquella fuerza inexplicable parece llegar a bordo también. Esta vez sí el hombre parece enfrentarse a un poder superior, algo desconocido que ha estado esperándole allí, en Andrómeda, a dos millones de años-luz de nuestra Galaxia.

HUELLAS EN EL ESPACIO

Al mismo tiempo que Gedeón Solar completaba la conquista de la galaxia de Andrómeda, los conquistadores y colonos de ambas Nubes de Magallanes se iban asentando en sus respectivas posiciones. En la Menor, el planeta-base fue, desde un principio, Cielo-1, un clásico mundo de tipo “terrestre”, de los que siempre hay al menos uno, en cada sistema planetario de soles amarillos o anaranjados. Desde luego, allí el objetivo principal no era tanto el explorarlo y poblarlo, sino que sirviera de base de operaciones a la inmensa tarea de explorar toda aquella minigalaxia. En ese sitio debían asentarse todas aquellas instalaciones a partir de las cuales partieran diversas flotas a recorrer aquel espacio.

Inicialmente, el comandante de esa dotación fue el oficial Kevin Sorzyn, que desde que abandonaron la Vía Láctea, en esta misión era realmente el segundo en el mando, luego del mismo Gedeón. Se trataba de un hombre joven de gran capacidad, acostumbrado a viajar por el espacio, que rápidamente organizó todo en aquel planeta. En los primeros tiempos, las exploraciones a otras regiones de Cielo-1 fueron bastante limitadas. Ya hacía un tiempo que, desde la órbita, se había cartografiado la superficie y por lo tanto esta era bastante conocida. Se sabía que no había nada parecido al hombre y que los científicos sólo tendrían mucho trabajo en clasificar la exótica fauna de aquel lugar. Fuera de esto, la totalidad de los esfuerzos estuvieron centrados en erigir una gran base con materiales flexibles y dotados de una tecnología similar a la de las naves. De esta manera se levantó un importante edificio, que hacía las veces de un verdadero aeropuerto, en una llanura del poblado de Arbolandia. Al mismo tiempo se trabajaba en construir las viviendas, no sólo para el personal que quedaría allí en forma estable (unas 30 personas por ahora), sino también para visitas que pudieran recibir de uno u otra flota, ya que pronto llegarían otras procedentes de la Vía Láctea. Así pasaron los primeros meses y más de un año también.

Lo que sucedió después es que Gedeón Solar continuó su exploración dirigiéndose, también, a la Nube Mayor. Seguramente, a causa de su buen trabajo en Cielo-1, Sorzyn fue nuevamente requerido para comandar la dotación de Thor-4. Este era un bello mundo, bastante parecido a Cielo-1, ligeramente más pequeño, pero con la diferencia de estar ubicado en una zona central de la minigalaxia. De ahí que Gedeón le otorgara una gran importancia estratégica para “observar” sistemas planetarios de cierta importancia. Es así como Sorzyn se erige en comandante de otro grupo diferente, constituido por unas veinte personas. El trabajo a realizar es básicamente el mismo, sólo que este grupo ahora mantendrá una comunicación constante con sus ex compañeros. Y, en general, las cosas salieron tal como estaba previsto y la Federación pudo contar con dos bases de gran envergadura en la Nube Menor.

Es por esta causa que el almirante decidió darle su oportunidad a la oficial Zenna Rhesis, dejándola como comandante en Cielo-1. Desde luego, todo cambio de líderes lleva a inevitables comparaciones. Estaban aquellos que preferían a Sorzyn, en tanto que muchos otros apoyaron a Zenna sin reservas. La nueva comandante encontró, entonces, una dotación ya perfectamente establecida, de modo que se limitó a ampliar algo más las exploraciones en ese mundo y también, en parte, de aquel sistema planetario. Sucede que la estrella Alondra aloja a otros seis mundos de cierto interés, bastante alejados unos de otros, a los cuales se dirige la fracción local que ha quedado de la flota general. Zenna es una oficial que ha acompañado al almirante en todos sus viajes por nuestra Galaxia, así que está bien acostumbrada a recorrer lugares extraños. Las exploraciones que se suceden son un tanto superficiales pero ayudan a que todos surquen nuevamente el espacio con sus miles y miles de lugares desconocidos. En los siguientes 2 o 3 años, Zenna establece una especie de triángulo entre su mando, Thor-4 y también Tau-9, adonde desde un principio a quedado a cargo el comandante Schefin Eyless. De este modo se realiza un intercambio de material científico y os viajeros también tiene la oportunidad de tomarse, ocasionalmente, unas vacaciones, para descansar de tantas exploraciones.

Sin embargo, todos ellos son descubridores o, más bien, conquistadores natos. Tanto de un lugar como otro, se van ampliando los viajes a otros sistemas planetarios de la Nube Menor. Finalmente, con la llegada de las nuevas flotas de la Federación, con un total de casi 200 naves, llega un punto en el cual puede decirse que no hay momento en que el espacio interestelar de la minigalaxia no sea recorrido por algún grupo de exploradores. Aquí la tarea ya no está limitada a la simple observación o aterrizaje superficial, sino que el propósito era realmente, el de conquistar infinidad de mundos, dejando dotaciones estables en todos los más importantes, para que se desarrollaran como verdaderas colonias de la Federación. El almirante que preside todo este movimiento es Renday Lamister, un hombre de bajo perfil que ya ha venido trabajando dentro de la Vía Láctea en el difícil tema de consolidar las conquistas de los grandes exploradores. Aquí es donde tiene oportunidad, realmente, de demostrar todo su talento con una planificación metódica y muy efectiva.

El resultado fue que, sólo en el primer año, se fundaron 70 colonias completas, con un personal que variaba entre 20 y 100 personas. Por supuesto, todas las colonias estaban comunicadas entre sí constantemente y, además, se respetó el principio de que en Cielo-1 estaba la base central, de modo que sólo Zenna tenía el poder de decisión de encarar nuevas exploraciones. Por otra parte, el mismo Lamister no estaba a bordo de ninguna flota sino que se lo pasaba yendo y viniendo de una colonia a otra, dentro de la Nube Menor.

En la Nube Mayor las cosas no fueron exactamente iguales. Al principio sí. El almirante Gedeón Solar da inicio a todo el proceso de conquistar un primer planeta, elegido allí como cabecera, dejar otro comandante y proseguir la exploración de diversos sistemas planetarios. Una vez identificados los mundos estratégicamente más interesantes, procede a designar a quiénes serán los comandantes en cada uno de esos lugares y así se fue estableciendo toda una red de pequeñas colonias, cuando la minigalaxia seguía siendo casi desconocida. Aquí, el segundo en el mando es Rugger Smeith, el cual, por un tiempo, queda a cargo de Sofía-6, el planeta base allí.

El trabajo de Smeith, al comienzo, fue parecido al de su colega Zenna en la otra Nube de Magallanes, tornándose después más semejante a lo hecho por el almirante Lamister. Son casi 50 los sistemas planetarios que se exploran en pocos meses, de los cuales son seleccionados primeramente casi una docena para establecer colonias permanentes. Una gran parte del personal que aún permanece junto a Gedeón tiene aquí su oportunidad de radicarse, al menos durante un tiempo, en infinidad de mundos. El entusiasmo es enorme, pero el almirante todavía se reserva a algunos de sus mejores oficiales para emprender la conquista, nada menos, que de Andrómeda. Ese parece ser el final de su epopeya, según anuncia él mismo.

El optimismo es inmenso. Casi a diario, diferentes grupos de exploradores llegan a algún mundo diferente. Es aquí entonces adonde tiene lugar un hecho inesperado, extraño e inquietante a la vez. Lo que sucedió fue lo siguiente:

Dado que ya había varias incipientes colonias en un radio de 60 años-luz en torno a Sofía-6. Smeith decidió ir más allá. Así que envió una delegación de 15 oficiales liderados por el comandante Ervin Kerriger a un sector más alejando, a 120 años-luz del planeta central. Es cierto que no estaban entre los oficiales más experimentados, pero eso, aparentemente, no influyó en lo sucedido. Al segundo día de haber partido, las dos naves desaparecieron completamente, como si se hubieran esfumado. Tras la sorpresa, los comandantes de los mundos más cercanos se unieron en una intensa búsqueda. No sólo se investigó en las frecuencias radiales por medios telescópicos sino que, tras la autorización de Smeith, un grupo de oficiales realizó prácticamente el mismo recorrido sin que hallaran la menor señal de sus compañeros.

En aquella dirección había varios mundos adonde el grupo de Kerriger pudo haberse dirigido en caso de alguna anomalía o desperfecto técnico. Es más; los comandantes sabían cuál era el destino previsto para su expedición. De modo, pues, que tanto ese planeta como sus vecinos fueron explorados temiendo que se tratara de un accidente, pero lo cierto es que no encontraron absolutamente nada. Por supuesto, el almirante Gedeón Solar fue debidamente informado, el cual se encontraba ya en Andrómeda. También fue notificado Lamister, que recientemente se había trasladado a la Nube Mayor. Todo esto llevó a una serie de reuniones en donde intervinieron los principales personajes que acompañaban a Gedeón, más él mismo. La búsquedacontinuó por varios meses pero el pesimismo se fue apoderando de todos ellos a medida que pasaba el tiempo. Este fue un fenómeno muy importante que, en cierto modo, impidió una conquista más rápida de la minigalaxia. Por esta causa, en los anales cósmicos siempre ha figurado la avanzada en la Nube Menor como especialmente feliz y segura, mientras que no fue así con la Mayor. La expansión fue limitada a lo que ya habían alcanzado y, en la última reunión efectuada para ver si había señales de sus compañeros, Gedeón (apareciendo en una pantalla desde Andrómeda) expresó lo que muchos ya venían pensando de tiempo atrás:

  • Estimados oficiales, esto no hace más que recordarnos la realidad; una realidad que tal vez nuestros éxitos no nos permitían ver: El espacio es inmenso. Nuestro plantel todavía no llega a unas 5.000 personas para conquistar infinidad de mundos. Pero, ¿qué es esto ante la inmensidad de las galaxias que estamos atravesando? ¿Qué es frente a todo lo que falta todavía por conocer?

La consigna fue entonces cuidarse y tomar más precauciones. La Federación deseaba que las colonias comenzaran a crecer antes de dar su visto bueno para ir aún más allá. De modo, entonces, que la desaparición del grupo de Kerriger fue pasado a un segundo plano pero nunca olvidado.

El tiempo pasó y un par de años después, el profesor Martingale y un equipo de especialistas en física cósmica, aparentemente develaron el misterio. En uno de los tantos viajes espaciales realizados en la Nube Mayor, Martingale detectó, gracias a sensores de última tecnología, ciertas anomalías en el vacío interestelar que, más adelante, luego de recibir diversas denominaciones, fueron conocidos como “agujeros blancos”.

¿Qué eran los Agujeros Blancos? Básicamente, según el profesor Martingale, eran lo opuestos a los Agujeros Negros. De acuerdo a las explicaciones más aceptadas, en los Agujeros Negros la materia era triturada y destruida como tal, logrando cierta estabilidad en la densidad de materia de cada galaxia. En los Agujeros Blancos, en cambio, la materia, literalmente, “pasa” de un sector del Universo a otro, como si se tratara de un papel que, al doblarse, se unieran por un tiempo los extremos. Si las naves del comandante Kerriger habían “caído” o “pasado” por estos Agujeros Blancos, era prácticamente imposible saber adónde había ido a parar. El motivo es que se trataba de fenómenos todavía muy pocos conocidos. Por lo tanto, este descubrimiento simplemente sembró más desazón entre los conquistadores de la Nube Mayor.

Sin embargo, lo cierto es que, a pesar de todo, la exploración de esas regiones del Universo no se detuvo.

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A continuación, podemos observar qué ha sido de las naves comandadas por Kerriger. Tal como se ha visto, las mismas atravesaron, efectivamente, una zona de Agujeros Blancos. A bordo, los tripulantes apenas sintieron algo parecido a descargas eléctricas de origen impreciso. Pero eso fue suficiente para Kerriger, que intuyó que algo extraño había sucedido. Al contactar su posición con otros oficiales del puente de mando de la nave insignia, quedó evidenciado que no estaban donde deberían estar. Las estrellas no eran las mismas y el espacio que se extendía ante ellos lucía de una manera diferente. Tras la sorpresa, vinieron momentos de gran tensión, en donde los tripulantes no conseguían explicar qué había sucedido. Una y otra vez los instrumentos fueron examinados y, sobre todo, se intentó rehacer la ruta que venían haciendo. Pero todo era inútil. Simplemente estaban en otro lugar.

Los científicos estudiaron las estrellas y midieron la viscosidad cósmica. La conclusión era que: o estaban en una galaxia completamente desconocida o en una Edad diferente a la suya. Inútil sería describir las escenas que se vivieron. Sin lugar a dudas, estaban perdidos en el espacio, sin poder localizar su punto de origen y sin saber dónde estaban.

En medio de una grave crisis emocional, Kerriger decidió tomar tierra en un planeta de tipo terrestre al que llamaron Kaloa-3, del tamaño de Marte aproximadamente. El comandante quería tomarse un tiempo para decidir, junto a sus principales oficiales, los próximos pasos a seguir. La situación no era buena. Los tripulantes estaban divididos. Algunos querían huir a cualquier lugar, confiando en encontrar la ruta que los llevara a las colonias de la Federación. Otros eran más partidarios de investigarlo todo para “rehacer” la escena y así regresar al punto de partida. Pero aquello se estaba volviendo inmanejable.

Kerriger se dejó llevar por lo que, pese a la gran tensión, era lo más sensato. Mandó investigar el sol local y las estrellas vecinas, al igual que diversos planetas en unos 10 años-luz a la redonda. Esto fue lo primero que arrojó cierta luz sobre lo sucedido. Varios tripulantes más se interesaron y pronto la mayoría de ellos comenzó a obtener datos de la zona espacial donde se encontraban.

Cuando, finalmente, se realizó una junta de oficiales para tratar el tema, ya no cabía ninguna duda: Todas las estrellas que los rodeaban, sin excepción, eran soles jóvenes, de unos 4.000 M.A. solamente. Por otro lado, había indicios de que eran las mismas estrellas que componían la Nube Mayor de Magallanes. ¿Qué significaba esto?

  • Teniendo en cuenta –resumió el científico Mahler– que estas minigalaxias son más viejas que la Vía Láctea y que las observaciones indican que estas estrellas son, al menos, 1.000 M.A. más jóvenes que el Sol, la conclusión es: Seguimos estando en la Nube Mayor, aproximadamente en el mismo lugar que antes. No hemos cambiado de espacio sino de tiempo. Comandante Kerriger, lo que todos notamos fue el paso casual de nuestras naves por lo que los cosmólogos llaman Agujeros Blancos.
  • ¿Eso quiere decir que estamos mil millones de años antes de la Edad de donde venimos? –preguntó
  • Así es, comandante.

En medio de un silencio absoluto, Kerriger levantó la vista al cielo estrellado, como interrogando el por qué y el cómo pudo suceder alto tan increíble.

... Y AHORA

LA ETERNIDAD

Esta obra cierra el ciclo de las aventuras de la Flota Interestelar conducida por Gedeón Solar. Luego de haber recorrido cientos y cientos de mundos, los hombres procedentes del Sol se enfrentas por primera vez a algo completamente desconocido.

Vemos que las fuerzas de la Flota se repliegan simplemente, porque no saben contra qué o quién se están enfrentando. Los científicos trabajan intensamente e informan a Gedeón que por todas partes existe una especie de red de fuerzas poderosísimas que no parecen permitirle el avance. Una exploración realizada con cámaras especiales los convence de que están prácticamente presos en una inmensa jaula espacial de la que ignoran cómo salir. Este hecho hace que el almirante convoque a una nueva asamblea para replantearse la situación.

Un grupo de asesores propone intentar el regreso; dado que esta situación parece obra de seres inteligentes, sugieren que es importante demostrar que ya no tienen interés alguno en permanecer allí. Después de todo, dicen, Andrómeda no es la única galaxia de interés que hay en el Grupo Local y que podrían poner rumbo a la galaxia del Triángulo, por ejemplo, que también es de gran interés estratégico, si bien es cierto que está más alejada.

Por el contrario, un grupo de sabios alienta a Gedeón a seguir adelante. Por lo que han podido observar hasta ahora, en Andrómeda existen millones de estrellas importantes con la singularidad de poseer sistemas planetarios numerosos, de 20, 30 o hasta 40 mundos cada uno, con una gama de ambientes realmente impresionante. Desde luego, todo parece muy interesante pero el gran dilema es cómo salir de allí, ya sea para regresar o seguir adelante. A continuación se analizan las diversas radiaciones que han sido detectadas y otro grupo propone un sistema para salir, que no parece tan difícil. Se comentan los aspectos técnicos y el almirante está de acuerdo. Nada pierden con intentarlo, así que todo es dispuesto para la prueba.

Ahora asistimos a la concreción del gran experimento. Irradiando una suerte de antimateria, la Flota logra desprenderse de las fuerzas que la envuelven y se aleja de allí inmediatamente. Las estrellas de Andrómeda parece abrirse ante sus ojos pero, no obstante, subsiste la duda en cuanto a qué cosa ha sido lo que los detuvo y que causó la muerte de varios de sus compañeros. El almirante ordena explorar con cámaras de largo alcance, todo el espacio hasta 1.000 años-luz a la redonda. Este hecho sirve también para conocer mejor la galaxia y observar la enorme cantidad de planetas habitables que posee. Esto se da, hasta tal punto, que la proporción parece ser mayor aún que en la Vía Láctea. Ciertamente Andrómeda contiene miles de mundos aptos para la vida humana y este hecho, en sí mismo, es de enorme importancia.

A medida que la Flota se interna más y más en las profundidades de Andrómeda, los científicos van hallando pruebas de la existencia de civilizaciones en distintos puntos. Aquella galaxia no está huérfana de organismos importantes, como sucede en las Nubes Magallánicas, sino que parecía estar repleta de ellos. Se seleccionan cierta cantidad de puntos interesantes y Gedeón analiza con diversos comandantes, los lugares que parecen de mayor interés para acercarse. Así continúa el viaje por un tiempo hasta que, en cierto momento, otra vez las naves reciben una serie de descargas fortísimas y la Flota queda nuevamente como prisionera de una jaula energética. Es entonces cuando todos ellos alcanzan a escuchar claramente, sin necesidad de ninguna comunicación radial, una voz con un extraño acento que les habla en su mismo idioma. Lo que escuchan es de lo más inquietante:

  • ¿Qué hacen aquí? ¿Qué hacen aquí?

El almirante habla en representación de todos ellos. Se presenta con su nombre e indica de dónde procede. Sobreviene un silencio prolongado, tras lo cual la voz vuelve a hablarles. Les dice que deben irse, que no es ese su lugar. El almirante entonces replica que quiere verlos, conocerlos, explicarles quiénes son y qué quieren, que verán que sus intenciones son pacíficas. Sobreviene otro largo silencio. Por fin, aquel ser que dice llamarse algo así como Seo, accede a la solicitud. El tiene un cargo equivalente al de un kosmokrator en la Federación, y está acostumbrado a tratar con otras formas de vida. Le son dadas las coordenadas para efectuar el teletransporte y el almirante selecciona a una parte de lo mejor de su personal. Es así como llegan al planeta Todoa.

Más tarde vemos que los federales se encuentran aquí con una megápolis fantástica, de dimensiones colosales, con estructuras que llegan hasta la atmósfera y más allá aún. Se trata de una ciudad, pero parece mucho más que eso. La tecnología ha reemplazado a todo lo que era de origen natural y la comitiva es recibida en una suerte de salón gigantesco. La causa de que algunas formas les resultan familiares es que los todoanos también son seres humanos, si bien su organismo es más complicado. Se trata de seres que han llegado a un grado en donde no necesitan comer ni dormir, y que tienen algo así como una conciencia dual que les permite transportarse fácilmente en el tiempo y el espacio. Tal es lo que se desprende de lo que indican los instrumentos.

Luego de una breve recorrida por la concentración urbana más importante del planeta, Gedeón y su grupo son recibidos en el interior de un recinto tan inmenso, que las paredes ni siquiera pueden divisarse a simple vista, de tan lejos que están. Su anfitrión es el mismo Seo, un hombre alto, delgado, de apariencia autoritaria, pero amigable a la vez. No está solo. En aquel salón funciona una especie de Consejo de Seguridad en done varias filas de todoanos observan atentamente. Entonces, Gedeón procede a presentarse en nombre de todos ellos y de lo que representan. Han atravesado enormes distancias, cruzado el espacio intergaláctico, y ahora están aquí. Su origen es la Vía Láctea, una galaxia vecina, y su deseo es mantener la paz y tener un intercambio cultural con pueblos amigos.

Luego Seo comenta algo pero no mucho de su civilización. Asegura que su raza es sumamente antigua y que constituyen una especie de organismo rector dentro de su propia galaxia. Vulgarmente son conocidos como el Imperio Maristrónico, una palabra de incierto origen. El mismo Seo es quien actualmente lidera dicha organización. A grandes rasgos le explica a Gedeón que la galaxia de Andrómeda atraviesa por uno de sus momentos de máximo esplendor. Por doquier existen cientos de miles de razas importantes y de civilizaciones desarrolladas. Provienen de un difícil pasado en común, pero actualmente el Cosmos no parece tener secretos para ellos. Gedeón y sus compañeros quedan maravillados y expresan una vez más su deseo de mantener relaciones pacíficas. Sin embargo, aquí es donde Seo lo interrumpe y sobreviene una importante revelación.

Por decisión del Consejo de Seguridad, el Emperador Seo decidió hacer una excepción con ellos. ¿Excepción de qué? Nunca, en miles de años, ha incursionado en su galaxia una nave que no esté encuadrada en lo que es el Imperio Maristrónico. En otras palabras, ninguna raza de la Vía Láctea los ha visitado jamás... ni ellos lo hubieran permitido tampoco. Gedeón preguntó el por qué. El motivo es muy simple. Dentro de la Vía Láctea, específicamente, existe un “Ger Ostoidirum” (tal como suena en su lengua), un “Principio del Mal”. Este es el motivo del por qué ellos rechazan todo contacto con las civilizaciones de la Vía Láctea. No quieren “contagiarse” de este Principio del Mal ni tampoco están interesados en el mismo.

Gedeón apenas puede dar crédito a lo que escucha. Sus asesores no saben traducirlo con mejores palabras tampoco. ¿Es que el Mal solamente existe en la Vía Láctea? Luego de meditarlo unos instantes, Seo le responde:

  • Almirante, usted está acostumbrado a ver el Universo como un todo, pero le recuerdo que cada galaxia, a medida que se van separando unas de otras en el vacío, también van desarrollando sus propias características.

Esto coincide con observaciones ya hechas en la Federación. Cada galaxia es como un miniuniverso o universo-isla, que crecerá hasta que cada una sea muy distinta de cualquier otra. Si el Cosmos fue bastante homogéneo en el pasado, en el futuro cada vez lo será menos. El destino, o vaya a saber qué, ha querido que en la Vía Láctea exista una especie de “fuerza mala” que termina destruyendo cualquier forma de vida, especialmente las más sensibles. Pero, ¿y los todoanos?

Es aquí donde vemos que la raza todoana no practica en lo más mínimo ninguna clase de acto negativo. El mal como forma de vida o ideología es, para ellos, desconocido. Su conocimiento del mismo no va más allá de cómo un científico puede saber cómo se forman las estrellas: sin que eso influya en su forma de vida. En algún sentido, tampoco practican el bien, porque tampoco tienen con qué compararlo. Por eso, ellos hablan frecuentemente de “lo correcto”. El bien, o sea, lo correcto, es entendido a nivel racial, sobre una base firme, de ahí que tampoco existan gobiernos, porque cada uno ya sabe qué tiene que hacer. La existencia del Imperio es exclusivamente a los fines de su crecimiento en el espacio.

A continuación tiene lugar una nueva revelación. Los todoanos han llegado a existir hace mucho tiempo, tal como son, aunque la especie ha ido mejorando, pero no hay nada que determine el final de su vida. No habiendo accidentes o catástrofes naturales, no hay forma de que lleguen a morir. Allí las enfermedades son desconocidas. A eso se debe que los todoanos necesitan expandirse en el espacio: nacen pero no saben cuándo morirán, si es que lo hacen alguna vez. Y para no superpoblar el planeta, se han lanzado a la conquista de otros mundos. En cuanto a su edad, todos ellos cuentan con edades entre 1.000 y 5.000 años, y también se sabe que hay individuos más antiguos aún. Obviamente, su vida está organizada de tal modo que dedican determinados períodos de cientos de años a determinadas actividades sociales. Sólo cuando han cumplido los objetivos propuestos pasan realmente a otra etapa de sus vidas.

La sorpresa de Gedeón es enorme. Haber encontrado en las inmensidades del espacio a un pueblo cuyos individuos no mueren nunca, es más de lo que él mismo esperaba. Nuevas preguntas aportan nuevos detalles. Igualmente asombrosas son algunas de sus costumbres sociales. Las mujeres, por ejemplo. Toda mujer equivale a un hombre excepto para concebir. Curiosamente, durante su embarazo (parecido al terrestre) cada mujer es consagrada, reverenciada y prácticamente endiosada por el papel que está cumpliendo: el de traer a un Eterno a la vida; así lo ven ellos. De hecho, cada mujer dedica una parte de su vida a esta función, si bien luego los niños son educados en forma grupal, nunca a nivel familiar. En Todoa, la familia ha sido largamente superada por una estructura social que llaman El Círculo y que incluye a cientos de familias.

Ahora veremos en qué consiste la excepción que Seo ha mencionado al comienzo de su encuentro. Por alguna razón, los todoanos han decidido revelarse a los solares que representan a la Federación para que tomen una de las siguientes decisiones: unirse a ellos  y ser también como ellos, o regresar a la Federación con el mensaje impreso en sus conciencias de que no debían volver allí sin recordar el resto. Se les concede un plazo y en ese tiempo son alojados en ciertas dependencias próximas al recinto del Consejo de Seguridad. Toda comunicación con las naves les queda vedada.

Por largo rato el almirante y su grupo debaten todo lo que han visto y oído. Lentamente van definiendo sus posiciones. Son varios los que quieren regresar, proseguir viaje, continuar la exploración del Universo o bien retirarse a un vida de descanso en algún mundo paradisíaco de los muchos que les rodean. Sin embargo, Gedeón y su esposa Caisa se diferencia claramente del resto. El almirante se considera un explorador nato. Aunque su misión dentro de la Federación no tiene límites inmediatos, un día deberá dejar su lugar a otros. Aquí, en cambio, ve la posibilidad de continuar su tarea, explorando no sólo el espacio, sino también el tiempo, asistiendo a lo que serán los miles de años por venir en la galaxia y en el Cosmos en general. En realidad, él y Caisa ya han tomado una decisión.

Unas cuantas horas después, el grupo le comunica la novedad al Emperador Seo. Este, a su vez, les comunica que ya sabía de su decisión. La capacidad de trasladarse en el tiempo les ha servido para esto y otras cosas. En realidad, los todoanos han visto en Gedeón a un hombre extraordinario con el que desean contar como digno representante de la raza solar. Viene entonces un momento singularmente emotivo. Es la primera vez en la historia que un almirante de la Flota abandona oficialmente su puesto por propia voluntad. Aquel hombre que ha pasado tantos años en el espacio, ha decidido “cruzar la vereda” y seguir explorando, pero ahora a las filas de una civilización mucho más adelantada que la raza solar.

Antes de separarse, Gedeón procede a realizar la investidura del nuevo almirante de la Flota: su fiel compañero Gaspar Thorklind, quien le ha acompañado en docenas de mundos y que, si hasta ahora no quedó en algún lugar como Kosmokrator, se debe a lo necesario que era para Gedeón tenerlo a bordo. Desde luego, ni él ni los demás recordarán jamás nada de lo que han visto u oído. La versión oficial será que Gedeón Solar ha desaparecido en misión y que aquella zona del espacio es demasiado peligrosa para ellos. En realidad, son los todoanos lo que no desean relacionarse con nada que provenga de la Vía Láctea, un lugar en donde la vida misma parece condenada a su extinción. Finalmente se despiden y el grupo es transportado a bordo de las naves. Las palabras de Caisa suenan mágicas:

  • Algún día, almirante, nos volveremos a encontrar.
  • Así será –le responde Thorklind antes de partir.

Después de esto vemos que a Gedeón Solar y Caisa se les comunica que van a ser sometidos a un tratamiento de “regeneración energética” para que ellos también puedan vivir tanto como los todoanos. La operación se lleva a cabo en los días siguientes, en un centro de salud especialmente dispuesto para ellos. Superado este proceso, Gedeón y su esposa son nuevamente convocados al Consejo de Seguridad. Sin embargo, esta vez son recibidos ceremoniosamente, con un ánimo muy distinto que la primera vez. Seo los recibe cordialmente, tratándolos como iguales. Luego de un tiempo en que hablan más cosas acerca de lo que es la galaxia de Andrómeda, Seo le propone a Gedeón dirigir, nada menos que, la flota exploradora del Imperio Maristrónico, en la galaxia y más allá aún. Con visible emoción el “viejo lobo” del espacio acepta.

Por último, la noche antes de partir, Gedeón Solar y Caisa caminan en las afueras de la ciudad a la luz de las estrellas. Hablan, reflexionan y comentan sobre todo lo sucedido. Hacen planes y se preguntan por todo lo que vendrá. Luego de tomar a su esposa de las manos, el almirante logra sintetizar lo que les espera.

  • No sólo vamos a seguir explorando el espacio como siempre lo hemos hecho. De ahora en adelante, más que nunca, vamos a recorrer el tiempo también. Ahora somos como los todoanos. Pasarán los siglos, pasarán los milenios y vamos a poder ver cómo sigue todo, lo que ya conocemos y lo que vamos a conocer, quién sabe hasta dónde, quién sabe hasta cuándo. Caisa, te invito a vivir la eternidad.

Y ambos levantaron sus ojos a lo alto.

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