Relatos de Ciencia Ficción realizados en Taller de Balmaceda Arte Joven

Share Button

Los siguientes son parte de los relatos de ciencia ficción realizados durante el Taller de FYCIF en Balmaceda Arte Joven la semana del 22 al 26 de Julio de 2019:

ESPARCIMIENTO

Autora: Jesica Maichin Varelio

En el espacio no se puede fumar. Fue lo primero que me dijo el equipo antes de enlistarme en la tripulación. “En el espacio no se puede fumar” me retumbo en la cabeza.

Realmente es algo increíble. Yo viajando con todos estas personas como un astronauta más, me parece algo inverosímil.

La nave partió a las 5 en punto de la madrugada. Todos enlistados con nuestros trajes espaciales fuimos subiendo uno a uno.  Recordé cuando por primera vez, de niño escuché en la tele “Es un pequeño paso para el hombre pero un gran paso para la humanidad”. Sin embargo la frase murió dentro de mi conciencia cuando un compañero me dice que me apresure al subir. De reojo observo como él se despide de su familia, le dicen adiós entre lágrimas y pienso: Yo no tengo a nadie que me venga a despedir, por lo tanto no tengo a nadie que me espere. Perfectamente podría moriren el viaje y nadie lo notaria. Siento alivio y una exquisita sensación de vacío existencial que sería más tarde llenado por todo el espacio dentro de mí. Me siento radiante. Extremadamente feliz, pero intrusamente el humo irrumpe esa sensación y vuelvo a recordar:“En el espacio no se puede fumar”.

Empieza la cuenta regresiva −5-4-3−Observo que soy el más flaco y pequeño de todos, casi defectuoso. −2,1− Despegamos. Mi corazón pegadizo a las cosas humanas en verdad nunca había latido. Nunca en mis 25 años hasta ahora. Sentí que mi ser entero cabía por el espacio, que yo era el espacio, que las estrellas formaban mi cuerpo y sentí en ese instante que yo era el hombre del espacio, aunque los demás dijesen lo contrario.

El viaje no duro más de una hora. Una hora en que atravesamos la atmósfera y salimos a la totalidad, a la inmensidad de la galaxia. Mientras ascendíamos sonaba una canción en la radio. Todos parecían normales, nadie emocionado como yo. Asumo que para ellos es una especie de rutina. Nadie tampoco reparaba en mí, hasta que un compañero me pega una palmadita en la espalda y me dice:

−Oye Mayor Tom, acuérdate que en el espacio no se pueden llevar agujas− Me dice por el aparato que posee en el traje. Acto seguido todos se ríen.

−Cierra la boca Mayor Tom que la baba nos va a inundar a todos−

Los oía en cámara lenta, como si ellos estuvieran en una constelación muy lejana a la mía, como si ellos fueran las hormigas que andan sobre la faz de la tierra y yo el gran oso hormiguero de Marte. No me importaba nada, yo el mayor Tom estaba en el espacio.

Con la emoción de estar flotando alrededor de la luna, de ircercando la tierra, olvidé cual era la misión y mis compañeros entre nuevas risas y burlas me la recordaron. Era visitar el planeta marte. De pronto sentí los ojos húmedos y un nudo doliente en la garganta. Todos al ver mi expresión se seguían riendo, algunos se asustaron pero a mí no me importaba nada.

Hubiera muerto en ese instante, con la felicidad más grande del mundo y no sentía vergüenza quería gritarlo fuerte, que un drogadicto había llegado al espacio.

OTRO VIAJE

Autor: Carlos Sánchez

La misión n°5 en búsqueda de un planeta fuera del sistema solar de características similares a la Tierra estaba en marcha, las anteriores no lograron el objetivo, todas tenían algo en comúnsu curso terminaban abruptamente en la región kelvin 1 donde las temperaturas eran cercanas al cero absoluto. La intención de este viaje era descubrir la anomalía que causaba el desvió, las probabilidades de salir ileso eran bajas, pero la necesidad de trasladarse en el año 2100 eran de urgencia, el alimento solo duraría unas semanas más.

Según nos informaron este planeta era tan similar que en cuanto llegáramos podríamos quitarnos los trajes y vivir de igual modo que acá. Debido a la prisa nos embarcamos el mismo día, el viaje fue tranquilo al principio lento como de costumbre pero apoyándonos en los impulsos dados por orbitar alrededor de planetas gigantes como Júpiter y Saturno,avanzamos en cuestión de minutos a la mitad del camino, en el trayecto observamos cosas que ningún ser podría describir, las estrellas parecían tangibles y la inmensidad del espacio era increíble. Momentos antes del fenómeno nadie sabía a ciencia cierta que esperar, podría ser un agujero negro o quizás algún planeta enorme o algo que jamás imaginaríamos a pesar de que la opción de un agujero negro era la más probable me gustaría ver algo nunca antes visto por lo menos si es que no fuera a regresar.

El deseo se cumplió, una especie de portal que abarcaba un horizonte casi infinitodejaba ver a nuestros compañeros del otro lado congelados supongo por el frio extremo de ese lugar, sin embargo, esto no fue lo más extraño, detrás de este se encontraba un ser similar a los alienígenas descritos comúnmente en las películas del espacio, parecía gobernar el lugar, con solo observarnos nos comunicó su objetivo telepáticamente, no podía dejar que su nuevo experimento con humanos saliese mal,no era necesario que nos salváramos, ya no le éramos útil, era lo más cercano a un dios yen varias oportunidades nos dio la tecnología para que avanzáramos de alguna manera, concluyó que fue eso lo que nos llevó a nuestro rápido deceso, sólo fuimos un experimento y nuestro universo su laboratorio. La historia se repitió y el infinito portal horizontal nos albergó para la eternidad, mientras se cerraba como una inmensa boca aún podía divisar las tangibles estrellas que en esta región se extinguían como la esperanza, nunca fuimos especiales y nunca lo seremos.

M. LANCASTER

Autor: Rodrigo Roa Salinas

Siempre me pregunté por qué la calle de mi casa se llama así. Es una casualidad divertida que en los letreros de las esquinas estuviese el mismo apellido de mi familia, incluso con esa inicial, la misma de mi nombre: "M. Lancaster".

Por eso, cuando ese extraño de ropas futuristas me entregó el dispositivo que ahora tengo en mis manos y me hizo elegir alguna cosa del pasado que quisiera saber, fue una de las primeras ideas que se me ocurrió.

-- Es una máquina del tiempo -- me dijo, y me costó creerle -- Elige con cautela la respuesta que quieras obtener. Debes partir con algo simple.

Y como he visto películas y he leído tanto sobre las paradojas temporales y todo eso, tuve un poco de miedo. ¡No quiero echar a perder algo importante solo por mi curiosidad! Así que elegí lo más sencillo posible, solo para probar si esta maquinita es real: simplemente quiero saber la razón por la que le pusieron ese nombre a mi calle.

Aún así, mis manos sudan por los nervios. ¿Y si es de verdad? No logro imaginar cómo será viajar en el tiempo. El extraño me explicó que bastaba con pensar en la pregunta que quiero responder, y al apretar el botón celeste, el dispositivo me transportará al momento en que podré saber la respuesta.

"Vamos Marcos, tu puedes", me repito. ¿Qué tan terrible puede ser? Solo debo concentrarme, pensar con claridad y no tocar nada que no deba. Aquí vamos.

El suave botón sonó como lo hacen las teclas digitales de un celular, y emitió una luz cegadora que fue cada vez más intensa, hasta obligarme a cerrar los ojos.

Cuando volví a abrirlos, el entorno en el que estaba ya no era mi pieza, pero aún así era algo familiar. Toqué mis ropas y mi cuerpo para corroborar que no estoy soñando. Todo está bien, soy yo, es mi ropa. Incluso noto que traigo mi billetera en el bolsillo.

Pero estoy en la calle. La calle de mi casa, aunque un tanto distinta. Reconozco algunos árboles, las rejas de los vecinos y algunas de sus casas, aunque con diferencias de colores, o más pequeñas. En otros sitios, recién se están construyendo. ¿Realmente estoy en el pasado?

Recuerdo mi pregunta y conmocionado por lo que está pasando, decido resolverlo pronto. Corro hasta la esquina, y veo que en los letreros hay otro nombre: "Calle 3 Sur".

No lo puedo creer. Realmente viajé al pasado, y estoy parado en mi calle, pero varios años antes, probablemente cuando aún no he nacido. ¡Qué increíble! Mis ojos se humedecen de la emoción, quiero correr, gritar. ¡Viajé en el tiempo!

Pero, ¿y mi respuesta?

Un tanto desorientado miro alrededor, buscando algo de claridad. Me doy vuelta y súbitamente lo veo. Escucho solo el sonido de los frenos, tan cercano que llena mis oídos. El auto no logra detenerse, y recibo de lleno el impacto. En el último segundo antes de perder la consciencia y la vida, recibo mi respuesta y comprendo por qué esta calle se llama "Marcos Lancaster".

Los comentarios están cerrados.