El Maestro – Fanfic ganador 2017

El Maestro

(Autor: Zirijo)

Toda mi vida, he perseguido sólo un propósito. Conocer al Maestro.

He estudiado a la Muerte desde cerca. Conozco todo lo que hay que saber de ella. De él.
He oído el susurro del Maestro entre los textos, entre los relatos, los mitos que envuelve a
la muerte. Yo sólo quiero conocerlo.

He disfrazado mi interés. La antropología me ha permitido estudiar los distintos aspectos
de todas las civilizaciones, actuales y perdidas, y todo me lleva al él.

Mi esposa, mis hijos, mis estudiantes y la universidad… una vida de mentira, lo he hecho
todo para conocerlo.

Conozco la Cofradía, ellos me buscaron, investigaron sobre mí, me llevaron a un mundo
que no todos están hechos para conocer. Los seguí, los amé, los obedecí… pero yo no los
quería a ellos. Yo solo quiero conocer al Maestro.

Lo abandoné todo para realmente conocerlo a él. Ellos estaban embobados en seguir sus
ritos y sus absurdas predicciones. Mi objetivo es mucho más simple, puro.

Fui seducido por la idea de cortejar a la muerte, para verlo, pero fui torpe y demasiado
entusiasta. Mi mano y mi corazón fueron descubiertos por los profanos.

Homicidio calificado fue la sentencia. Ahí, me mezclé con los tontos y los sádicos, esos que
solo intuyen la sabiduría del Maestro. Se dejan llevar por guiños que él deja en sus almas.
No persiguen lo mismo que yo, son ciegos, ignorantes, inútiles. No, inútiles no.

-Oiga, hoy salgo en libertad… ¿cumplirá con la parte del trato? – preguntó el compañero
de celda que me fue asignado, mi utensilio. Su nombre es Jorge, y no sabe que sus manos
serán utilizadas para un propósito mayor,

-Por supuesto Jorge, el dinero sigue sobre la mesa… tú solo tienes que encontrar la
víctima. Yo saldré de aquí dentro de poco… no caigas en tentación.

-Si maestro… - me respondió el imbécil. No entiende la profundidad y la grandeza de esas
palabras.

-No Jorge, el Maestro es otro.

Sin ninguna duda Jorge me esperó. Su inteligencia limítrofe solo entiende de lujuria,
sangre y dinero. Cuando salí de la cárcel nadie me esperó. Todos supieron de inmediato
que mi alma era negra, que mis manos estaban manchadas y la marca de Caín me
distinguía de los demás. Pero en realidad no me importa, todo sea en su nombre.

Estaba todo preparado. El Maestro requería un sacrificio. Jorge traería la ofrenda, para yo
pronunciar las palabras, marcar las llagas, abrir las puertas, romper las cerraduras, y
producir los lamentos, su ópera preferida.

Conozco el lugar indicado. Una parcela alejada de toda la urbe, la contaminación de los
impuros. La compré para el día de mi boda. Un regalo, un refugio para el Maestro.
Aquella noche era espléndida. Nadie a kilómetros de distancia, el epicentro de la soledad.
Jorge dijo que llegaría con la ofrenda justo antes de la media noche. Y cumplió.

-Maestro, le he traído lo prometido – dijeron sus torpes labios, llenos de lápiz labial, y
pecado.

-¿Qué has hecho Jorge? – le pregunté viendo que cargaba un saco empapado en sangre.

Descubrí a la víctima. Una joven de no más de 15 años. Una flor entre la maleza. Era ideal,
pura, joven, la debilidad del Maestro… pero Jorge lo estropeó.

-¡Jorge, te dije que no la tocaras!

-Pero Maestro… no la ve… es hermosa… no pude aguantarme – me respondió tomándose
el cinturón, saboreándose de sus acciones.

Una pala fue lo último con lo que Jorge interactuó en esta vida. Una tras otra, la pala se
clavó en su cráneo, y un charco de sangre hedionda se formó bajo su aún cálido cuerpo.
Mis brazos cansados la dejaron caer, preocupado por el desperdicio de esta noche. Una
noche que no se repetiría dos veces.

Entonces, escucho alboroto. Alguien se acerca a la casa. Un vehículo. Una muchacha se
baja de una ostentosa camioneta. La conozco, es mi hija.

-¿Papá? Qué haces acá? – me preguntó asustada, cuando salió a activar el generador
independiente de la casa y me vio salir de entre los matorrales.

-Hija… esto es una señal, el Maestro nos quiere juntos para llamarlo… hija ven conmigo.

-¡Estás loco!… ¿de qué estás hablando? – respondió, causándome extrañeza, ella es mi
sangre ¿Cómo es que no entiende mi propósito? - ¿Qué es ese bulto de allá? No… Papá…
¡¡NO!!

Cuando todo estuvo en silencio nuevamente, tres nuevos cadáveres acompañaban a Jorge
y a la chica. Una fiesta privada para cuatro, pretendía llevarse a cabo en mi casa… en mi
templo. No lo permití.

-Siento que no puedas entenderme hija, pero esto es el propósito de mi vida… la paz me
llama, el Maestro lo hace...

Ella me responde tratando de zafarse las amarras, y con gritos ahogados en una mordaza.
Sus ojos de horror no pueden describir de mejor forma el reflejo de mis pensamientos.

La ato nuevamente, dando forma a su estrella, la que es invertida y lleva cinco puntas, y
con un fino y arcano cuchillo corto sus entrañas. Sus gritos no los puede oír más que yo y
él. Su dolor es nuestro, su agonía abre la puerta. Una fogata acompaña mi espera. El
silencio se hace sentir, y el fruto de mis entrañas está abierto de par en par, iluminando el
camino hasta mí con el fuego.

De entre el bosque que rodea la sagrada estancia, se escucha un movimiento, y una voz
atraviesa mi corazón, con un filo que no se ha agotado en cientos de años, mis dientes
rechinan, mis ojos hierven y mis oídos explotan. Él es empalagante, el aire es pesado,
ponzoñoso, el estómago quiere escapar por mi boca, y un denso ruido hace sangrar mi
nariz. Soy feliz, débil, pero feliz entregándole mi último aliento. Alcanzo a ver su silueta
antes de perder mi vida, mi insignificante vida, mi vida consagrada a él, el maestro,
MORTIS.

-Descansa mi vástago – dijo - mi cófrade. Tus actos han sido recompensados… ya estoy
aquí.

FIN.