El Escape – Fanfic Ganador 2016

El Escape

(Autor: Enzo González)

Él, a diferencia de los pobres miserables que habían caído con él, tenía una reserva de
oxígeno en su traje que lo mantenía vivo. Aún así, podía sentir como la húmeda corrosión
carcomía lentamente las partes más blandas de su armadura. El tiempo apremiaba. Luego
de que los gritos de los menos afortunados fuesen sofocados, se podía pensar con más
claridad.
Las paredes carnosas de su estrecha prisión convulsionaban intentando llevarlo hasta el
fondo. Lo único que impedía el ser completamente devorado era el vulgar machete que
había logrado desenvainar mientras caía a su perdición, había logrado clavarlo en la
juntura de un monstruoso diente (¿Se le llama diente si está en medio de la garganta?) y
la carne. Asido con ambas manos a la arcaica herramien ta recordó como miraba con
desdén a su padre mientras escondía un filo similar al suyo entre sus ropajes “no es un
sable de luz…” decía el viejo “… pero puede sacarte de apuros”, y vaya que tenía razón.
A ratos entre los movimientos convulsos de la creatura, se podía ver luz a través del
esfínter estomacal. Ya no distinguía señales de batalla y sus fuerzas flaqueaban, si había
un momento indicado para salir era ese y si había una forma era por donde había entrado,
claramente no le interesaba saber que tan profundo en la tierra llegaba el otro extremo
del monstruo.
El caza recompensas comenzó a visualizar sus posibilidades. Su jet-pack había sido
inutilizado y no tenía armas de fuego. Escalar por las viscosas paredes del túnel estomacal
era imposible así que tenía que lograr que la creatura lo regurgitara de alguna forma.
Recordó que en su cinto guardaba unas bengalas que utilizaba para señalizar y encender
fuego cuando lo ameritaba, encenderlas dentro de la creatura quizás la persuadiría de
considerarlo apetecible. Soltó la mano derecha de su ancla y buscó en el bolsillo, tenía tres
intentos, sacó la primera y la golpeó contra su costado en la base lo que activó los
químicos en su interior haciéndola chisporrotear y encenderse con una luz verde, la dejó
caer al vacío y la flama jade quemó las paredes del intestino y desapareció en una negrura
inexpugnable. La creatura gimió y se contrajo, pero nada más pasó.  Alcanzó la segunda, la
encendió y la lanzó hacia arriba, a la boca del estómago. Es esfínter se cerró sobre el
proyectil centelleante y la creatura chilló y se retorció, el caza recompensa tuvo que asirse
con todas sus fuerzas a al machete para no caer, pero la bengala no logró el efecto
deseado. Sólo le quedaba una chance, había encontrado el nervio que debía golpear pero
el estímulo debía ser mucho más grandes. Necesitaba un explosivo y no tenía. Los jugos
digestivos comenzaron a quemarle la piel en las junturas del traje. El dolor era
insoportable, aún así mantuvo la calma, alterarse solo aumentaría su con sumo de
oxígeno… ¡El oxígeno! Era la única opción que le quedaba, con suerte la cápsula de
oxígeno provocaría una detonación suficiente para estresar los intestinos del monstruo y
provocar su reflejo de vomito (¿Y si no tenía?). Sin respirar no duraría mucho, pero si no
resultaba, no iba a durar tanto más tampoco, así que desconecto la manguera metálica de
la cápsula en la base de su espalda, la mano izquierda que se aferraba a la vida, tiritaba y
flaquecía así que debía apresurar la maniobra. Sacó la bengala restante y la encajó en el
agujero de la manguera, perfecto como si hubiese estado planificado todo desde un
principio. Desató el tanquecillo de la armadura y golpeó la base de la bengala contra su
costado. El caza recompensa hizo el gesto de lanzar la bomba hechiza al estómago pero
explotó poco después de haberla soltado. El impactó lo hizo soltar el machete y calló en
una vorágine de ácido, fuego, paredes viscosas que se contoneaban frenéticas, gritos de
dolor ensordecedores que se mezclaban con el propio dolor del espacio vacío donde
alguna vez estuvo su mano.
En una confusión de sensaciones la oscuridad pasó a ser luz y la ingravidez, que percibió
como la muerte que lo abrazaba, pasó a ser un seco golpe sobre todo el lado izquierdo de
su cuerpo. Se volteó para quedar de espaldas sobre la arena. Aún sentía los gritos de su
captor, pero los gritos ya no lo envolvían, estaban atrás, lejos.
El ácido aún lo quemaba así que hizo el gesto de quitarse el casco con ambas manos. Solo
la izquierda llegó a destino, la derecha ya no existía. Lo comprobó al ver el muñón
carbonizado que tenía por antebrazo. Se quitó los ropajes corrosivos como pudo y se
refugió del sol en los escombros de la batalla. El menos estaba vivo… ¿o no lo estaba? Para
todos los demás, el había muerto en las entrañas de Sarlacc, eso podría ser muy útil. Tenía
una nueva vida y un nuevo propósito. Se vengaría de Solo y nadie lo vería venir desde las
sombras. Boba Fett había muerto y el no era más que un fantasma.