Cansado – Fanfic Ganador 2016

Cansado

(Autora: Cotota)

Nico di Angelo estaba cansado de todo.
Mientras  sacaba  su  espada  de  hierro  Estigio,  podía  sentir  como  su  cuerpo  parecía evaporarse  debido  a  la  cantidad  de  viajes  sombras  que  había  hecho  durante  el  último tiempo.
Pero  no  era  solo  que  Nico  estuviera  cansado  por  el  sobreesfuerzo  que  hacía  gracias  al ofrecimiento  de  llevar  la  Atenea  Partenos  por,  prácticamente,  medio  mundo;  no,  Nico estaba cansado por más cosas.
Estaba cansado de perder a la gente que quería.
Estaba  cansado  de  ser  una  constante  decepción  para  su  padre,  aunque  éste  dijera  lo
contrario.
Estaba cansado de Percy Jackson.
Cuidado, Hijo de Hades, murmuró una voz en su interior que sonaba extrañamente a Aclis, diosa  del  sufrimiento,  con  quien  se  había  encontrado  en  el  Tártaro  cuando  cayó  a  ese horrible lugar, ¿realmente estás cansado de él?
Gea  había  despertado  minutos  atrás,  lo  vio  en  vivo  y  en  directo,  como  la  tierra  parecía cobrar vida propia, se ondulaba como si no fuera más que una cama con colchón de agua.
Y  entonces,  en  la  colina  más  cercana,  la  tierra  pareció  levantarse,  hierba  y  piedras
arremolinándose hacia arriba como un tornado, elevándose, elevándose…
La columna terminó de formarse y todo pareció impregnarse, la tierra creando la figura de
una mujer de seis metros de altura, con un vestido tejido por la hierba, piel blanca y cabello castaño, como si su pelo estuviera hecho por raíces de los árboles. Y sus ojos eran verdes, intensos, puros. Destructores.
Los siete llegaron también, antes de que la figura de la Madre Tierra terminara de formarse completamente,  y  se  encontró  con  Jason,  quien  parecía  bastante  aliviado  de  verlo  vivo.
Reyna estaba dirigiendo a la legión romana en ese momento, mientras Piper trataba de
animar a los dos campamentos, y pudo verlo.
A Percy Jackson, clamando para que los griegos lucharan también.
Algo pareció doler en lo profundo de su cuerpo  al ver a Percy de la mano de Annabeth, todo el Campamento Mestizo detrás.
Dioses, lo odiaba tanto. Tanto, tanto.
¿Sí?, volvió a reírse Aclis sarcásticamente  en su interior, no seas así, Hijo de Hades. ¿Todavía le guardas rencor por lo de Bianca? Te estás dejando dominar por tu defecto fatídico, tu talón de Aquiles. Nico apretó los dientes, escuchando los gritos de sus compañeros, de las bestias que Gea había invocado, el cielo convirtiéndose en una nube de fuego y llamas. Oh, ¿no lo odias? Eres un maldito cínico, Nico di Angelo.
Sí, Nico tenía claro que lo era.
Lo era porque decía odiar a Percy Jackson, pero muy en el fondo, lo amaba.
Lo amaba con la locura  desesperando  de un adolescente enamorado,  ansiando que  esos
intensos, preciosos ojos verdes, como el color del mar, se fijaran en él, lo vieran como veía
a Annabeth en ese momento.
Pero era imposible. Lo sabía. Porque Percy Jackson jamás se  fijaría en el patético, miserable Hijo de Hades.
Enterró su espada en un ogro, el monstruo convirtiéndose en nada más que polvo, e invocó a más muertos, a pesar de la advertencia de Will de que ya no le quedaban energías, que iba a morir si seguía usando sus poderes como si nada.
¿Y qué le importaba a él morir? ¿Realmente acaso valía la pena seguir así?
Will diría, con toda seguridad, “¡Por supuesto que vale la pena vivir, Nico!”
Soltó una risotada cansada, asesinando a otro monstruo, el polvo saltando a su rostro.
Entonces, observó cómo Percy soltaba la mano de Annabeth, yendo a enfrentarse a más
monstruos, dejándose acorralar por ellos.
Ese  estúpido,  inconsciente  sesos  de  alga…  ¿Qué  se  suponía  que  estaba  haciendo?
Queriendo siempre enfrentarse a tantos monstruos, queriendo siempre salvarlos a todos.
Nico no podía soportar su heroísmo, su imprudente sentido de sacrificio.  Eso solo hacía que lo quisiera más, que todo pareciera romperse en su interior en millones de pedacitos, que un puñal siguiera enterrándose en su corazón, profunda, dolorosamente.
Observó como un ogro atacaría a Percy por detrás, su espada levantada, y ese tonto sesos
de alga no se daba  cuenta. Annabeth también lo notó, pero estaba demasiado lejos  para
alcanzarlo, para poder salvarlo.
Todos estaban demasiado lejos como para salvar al Héroe del Olimpo.
Nico jadeó mientras se desvanecía en sombras, dispuesto a salvarle el trasero una vez más
idiota de Percy Jackson.
Aunque eso significara que se desvanecería en sombras como le había advertido su padre.
Aunque eso significara recibir la estocada en su estómago que iba dirigida a Percy.
No supo cómo, pero con las pocas fuerzas que le quedaban, su cuerpo rompiéndose en mil
pedazos por el intenso dolor que lo recorrió cuando la espada se enterró más adentro, sus
pies  desvaneciéndose  por  el  viaje  sombra  realizado,  logró  asesinar  al  ogro  que  quiso
apuñalar a Percy.
Mientras  el  monstruo  explotaba  en  polvo,  tosió  roncamente,  la  sangre  manchando  sus labios, la playera que llevaba encima. Volvió  a toser, tambaleándose, y cuando sus piernas no pudieron sostenerlo más, cayó de espaldas al suelo.
Pero  no  tocó  el  suelo,  no,  levantó  la  vista  y  vio  a  Percy  Jackson  sosteniéndolo,  sus  ojos abiertos  como  platos,  observando  la  herida,  la  honda,  terrible  herida  que  recibió  en  su estómago.
—Nico —balbuceó Percy, atónito, asombrado, sorprendido.
Nico se habría reído por su expresión, pero solo volvió a toser, su mano buscando la mano
de Percy, apretándola con fuerza, desesperado por aferrarse a algo. A alguien.
Todo el mundo pareció quedarse en silencio en ese momento, Nico no era capaz de oír y
ver a nadie más excepto a esos preciosos ojos verdes que tanto amaba.  Que quiso con tanta angustia, con tanto dolor. Que deseaba que lo miraran solo a él, a nadie más.
Tosió una vez más.
Lo  sabía,  lo  tenía  claro:  era  el  último  momento  que  podría  tener  con  Percy.  El  único momento tangible.
—¡¿Por qué lo hiciste, Nico?! —sollozó Percy de pronto, pálido, su voz quebrada, rota.
Otro  rostro  se  asomó en  su  visión:  Will  Solace,  el  hijo de  Apolo. Parecía  estar buscando alguna solución a su herida.
—Ambrosía —murmuró el rubio con la voz desesperada—. ¡Necesito ambrosía!
Pero nadie pareció responder.
A Nico no le importaba, no realmente. Abrió su boca, sintiendo el sabor a sangre,  y sonrió
mirando a Percy.
—Oye, Jackson —gimió, su voz teñida por el dolor que su cuerpo estaba sintiendo. No sabía qué era peor: si la herida en su estómago o el desvanecimiento en sombras que su cuerpo estaba generando.
Will se lo había advertido, pero Nico no hizo caso. No cuando se trataba de salvar a Percy.
Nico lo salvaría mil veces más, aunque ello significara que tendría que morir para lograrlo.
Pero lo haría. Estaba dispuesto a hacerlo. Nico no soportaría verlo morir.
¿Cuánto tiempo llevaba enamorado de ese idiota? Más del que realmente hubiera querido.
Ya apenas podía recordar el momento en que se había enamorado.
Ah, no, lo recordaba perfectamente porque su corazón latió como loco, su estómago había
sentido mariposas cadavéricas que odió con toda su alma: el sesos de alga salvando a él y
su hermana de esa horrible mantícora, varios años atrás.
—Nico, no puedes hacerme esto —suplicó Percy—. Por favor, Nico, no puedes–
—Te amé —jadeó Nico con la boca llena de sangre, respirando aceleradamente, apretando
con más fuerza la mano de Percy—. Te amo. Todo este tiempo… —soltó una tos, mitad risa,
mitad sangre—. Lo siento. Te amo, Percy Jackson.
Percy lo observó, sus ojos angustiados posándose sobre él, y a pesar de que había pensado
que lo soltaría, que el maldito sesos de alga se alejaría con una mueca, no lo hizo.
No, porque Percy Jackson era demasiado honorable, demasiado bueno como para dejarlo
morir solo.
Y Nico no habría podido soportar ver el asco en los ojos de Percy. No antes de morir.
—Sí  —murmuró  Percy  sin  dejar  de  lado  esa  voz  rota,  temblorosa  y  destruida—.  Sí,  lo entiendo, Nico.
Nico lo miró a los ojos un momento más, sintiendo el apretón de mano que le dio, y sonrió
con suavidad, su expresión relajándose.
A Nico a estas alturas no le importaba ser correspondido o no. Lo único que le importaba
es que fuera Percy Jackson la persona que lo consolara antes de morir.
Cerró sus ojos y dejó que su alma partiera al Inframundo, mientras el chico que había amado con todo su corazón lo sostenía con sus manos.
Porque para Nico di Angelo, morir en los brazos de su único amor parecía una buena forma de morir.
Sí, definitivamente, Nico estaba cansado de todo.